Ocupado, que ocupo mi atención-conciencia-sensibilidad en o con algo.
E implícitamente, que uno como espacio de atención, ha sido copado, ocupado.
Cuando me paso todo el tiempo ocupado, mi atención-sensibilidad, mi conciencia de ser está pendiente de algo, ya sea de algo externo a mi ser, ya sea de un fragmento que el pensamiento ha etiquetado como importante.
O sea que mi atención reposa "fuera" de la natural sensación de ser.
Y por lo tanto, ajena a la natural alegría de ser que de ella se desprende.
Y al mismo tiempo, al constatar que ya no puedo desenganchar mi atención de algo, pues tengo el hábito de estar siempre ocupado y siempre enganchado con algo, me doy cuenta de que he sido, espacialmente ocupado.
Ya no queda en mi atención nada de esa cualidad espacial que es lo que permite la apreciación de la vida, el contemplar, el observar, el gozo de ver.
Interiormente, hay conflicto, inevitablemente.
Pues el cerebro-pensamiento ha quedado enganchado con algo, y ya no sigue atento al movimiento de la vida, la cual continúa fluyendo, paralelamente y ajena a nuestras ocupaciones mentales.
La vida en mi interior reclama mi atención hacia aquí o allá, pero mi cerebro, administrador en este caso de la atención, la redirige hacia aquello supuestamente importante de lo cual "debo" ocuparme ahora.
A estas alturas, estoy ocupado, re-ocupado, pre-ocupado, fragmentado, etc.
Ya la cualidad del corazón, de nuestra naturaleza original, de nuestra verdadera interioridad no permea más nuestra psiquis.
Ya no sentimos naturalmente desde el simple ser, pues estamos ocupados.
Ocupados, posesos, obsesionados con tener que ocuparnos de algo todo el tiempo, con "aprovechar" el tiempo, con "no perder el tiempo", porque "el tiempo es oro", etc.
Y el tiempo, no es, en los hechos, algo ajeno a la vida, pues es nuestro vivir desplegándose en el tiempo.
O sea, que si miramos atentamente, fríamente, objetivamente, constataremos que, salvo por pequeños períodos o momentos, en general nos hemos pasado la vida ocupados mentalmente, siempre detrás de algo.
Nunca, o casi nunca, nuestra atención descansa en su interioridad.
Nunca, por tanto, o casi nunca, nuestra atención está empapada, embebida, de la cualidad de nuestra interioridad, de la cualidad cordial.
Atendemos a "nuestros asuntos", ya sean éstos los propios sentimientos o ideas, o algo que debo realizar externamente, con una atención fragmentaria, no cordial, des-centrada, extranjerizada.
Atendemos no desde lo que somos, sino desde las ideas sobre lo que nos ocupa; o sea, desde las ideas-creencias por las que somos ocupados.
De modo que nuestra constante ocupación, nuestro hábito de "tener que estar todo el tiempo ocupados con algo", es en realidad, nuestro escudo, nuestra muralla contra la natural e incausada alegría de ser.
Contra la alegría de simplemente ser.
Contra la cualidad o el sentir natural del corazón.
Contra el vivir sensible; sensible para con la vida, para con nosotros, para con todo.
¿Ha probado alguna vez atender desde o con el corazón?
¿Ha probado alguna vez a permitir que la cualidad sensible de la atención, eso que llamamos el corazón, se extienda por todo su ser?
¿Ha probado alguna vez atender a la vida, incluyendo a las ocupaciones, pero hacerlo desde el corazón, desde el sentir, desde esa cualidad interior y no solamente desde el restrictivo pensar sobre...?
¿Ha probado alguna vez a descansar su atención en la región del corazón, sin concentrarse, sin resistirse, y permitir que dicha cualidad vuelva a ocupar, a recuperar cada centímetro de su ser, incluídos sus sentidos, su cerebro, su pensar, su ser todo?
¿Ha probado alguna vez a dejar de resistirse, y permitir que el corazón florezca?
¿Ha probado alguna vez a sonreir desde el corazón?
R.
lunes, 24 de enero de 2011
martes, 18 de enero de 2011
El "yo" es un movimiento que yo hago con el pensamiento.
Todo el problema psicológico, su raíz, es el casi constante sentimiento de carencia, de incompletitud, de no totalidad, el cual es el común denominador de nuestras vidas, y merced al cual emprendemos casi todo lo que emprendemos, con la esperanza de poder erradicar de nosotros dicho sentir.
Es el motivador de nuestra búsqueda, que es siempre la búsqueda de la completitud "perdida", del perdido sentido de totalidad, de plenitud.
No importa el nombre que le pongamos: felicidad, realización, liberación, dios, iluminación, éxito, y una larga lista de etcs.
La diferencia está en la palabra usada, y en las imágenes asociadas a dicha palabra.
Creemos que buscamos la riqueza material, a dios, la pareja perfecta, la comprensión última, etc, pero esto no es así.
En el sentido de que no buscamos esas cosas por si mismas, sino por lo que suponemos que pueden proveernos, que pueden devolvernos, a saber: el sentido de completitud, de ser un todo en unidad, con todos y con el todo.
O sea que todas esas cosas son, en realidad, un medio, que en nuestra fantasía, una vez alcanzadas, nos van a proveer a nosotros, a "yo", o sea, al sujeto de dicha historia mental o psicológica, del tan ansiado sentido de totalidad permanente.
Si, permanente; por que si no, ni siquiera valdría la pena buscarlo con tanto afán.
Si dura lo que un fósforo, no vale la pena invertir en ello tanta leña.
Al menos ese es el consenso popular.
Por supuesto, que en realidad, dichos objetos, ya sean éstos físicos o mentales, no tienen ni han tenido jamás la menor chance de devolvernos a dicho "estado permanente".
¿Cómo lo sé?
Es simple.
Primero, el sentido de plenitud no es un estado, es la conciencia del todo que somos, la cual se mantiene independientemente del estado por el cual estemos atravesando.
Y segundo, porque no existen "estados permanentes".
Todo estado es, por definiciòn y naturaleza, impermanente, evanescente.
Como una ola; aparentemente es, pero sólo mientras dura.
Todos los estados suceden en mi como un todo que los contiene, tal cual las olas suceden en-el-mar; no al-mar.
Todo estado emerge en mi, alcanza naturalmente el apogeo de su intensidad en mi, y se disuelve en mi, sin dejar en mi rastro o modificación alguna de mi pleno sentido de ser el todo que soy.
Esto hasta la intervención del pensamiento.
Pensamiento que no es "otro" pensando en mi, sino yo mismo pensando, pero tomando los pensamientos como si de objetos reales así percibidos se tratase.
Al pensar sobre "mi situación" interior (que soy yo mismo sintiéndome así o asá), lo hago etiquetando el como me siento a mi mismo con una etiqueta correspondiente al sentimiento o la emoción tal o cual, y luego me etiqueto a mi como un "yo" distinto de como me siento a mi mismo!!!
Como un "yo" distinto de como me siento, que debe "hacer algo" con ese sentimiento.
Como si el sentimiento fuese algo separado de mi, y no un movimiento en la corriente anímica de mi ser (lo cual realmente es).
Así, si el sentimiento es placentero, "tengo que hacer algo para retenerlo"; y si por el contrario, fuese doloroso, o por lo menos molesto, "tengo que hacer algo para sacármelo".
Y ésta es la desdicha, el conflicto interior, la fragmentación interior en la cual se esfuma toda nuestra vitalidad; la división interior mediante la cual somos expulsados del paraíso de la unidad, del sentido de totalidad, de plenitud.
Estigma con el cual cargamos toda nuestra existencia, mientras buscamos en los objetos o en los estados, encontrar aquello que lo subsane y haga desaparecer de nuestra conciencia.
En la inmensa mayoría de los casos, se vive "en la esperanza" y se muere "en la esperanza", amargado, frustrado, como sin terminar de entender o asumir que la vida "ya" ha pasado.
No parecemos darnos cuenta de que la fragmentación está en el enfoque, en el movimiento equivocado de la atención a través del pensamiento conceptual, y no en la naturaleza de la realidad.
Sino en la "realidad" interior creada por nosotros mismos al asumir como válida la división del "yo" y el "no-yo", del "yo" y "tal sentimiento" como si fuesen dos cosas distintas o separadas; dos objetos distintos.
Y no parezco darme cuenta que éste es el único y sólo conflicto, asuma la forma que asuma.
Y este conflicto, no es algo ajeno a mi: soy yo pensando sobre mi mismo en términos de un "yo" como entidad separada de lo que siento.
En la medida en que mi atención queda enganchada con uno de estos fragmentos, de estas etiquetas, no estoy ya viendo, sintiendo, viviendo desde mi totalidad de ser; desde la totalidad que es siempre inafectada en su cualidad de totalidad o unidad, en la medida en que no se identifica a si misma mental o conceptualmente como un fragmento llamado "yo", en oposición o contraposición a otro fragmento llamado "el sentimiento tal".
¿Existen realmente en mi interior "yo" y el como me siento?
O ¿"yo" no existe, no es más que una abstracción, y lo único real es el como me siento?
Lo único que existe es el como me siento en este momento, y no soy distinto ni separado de ello; jamás.
La dualidad es pues, una fantasía.
Soy esa totalidad, esa integralidad, que en este momento se siente como se siente.
Y punto.
Y al verlo, cesa espontáneamente, sin que tenga que hacer nada para ello, todo sentimiento de conflicto o fragmentación interior.
NO SOY DISTINTO O SEPARADO DE COMO SEA QUE ME SIENTA.
Ver esto, es estar para siempre libres del conflicto.
Entonces la vida se torna muy simple.
No necesariamente fácil, sino simple.
En mi imaginación identifico al imaginario "yo" con algo, con una meta, y así, me paso el resto de la vida tratando infructuosamente de alcanzar tal o cual cosa que me va a dar un "estado permanente de plenitud".
Pero jamás veo la falsedad del conflicto interior que trato de suprimir alcanzando una meta, llámese ésta unidad, iluminación, dios, realización, liberación, éxito, ser millonario, etc.
Y mientras ese sentido de conflicto, de división interior no sea visto como la falsedad que es, entonces no hay ni habrá jamás ni la más remota posibilidad de "volver a sentirme completo", nunca.
Ese "yo" con el que fantaseo, no es algo estático, sino que es siempre un movimiento de oposición, de resistencia, de separación, de distanciamiento, de "escape" de como sea que me sienta hacia el mundo de la fantasía.
Aún cuando siento placer.
El "yo" es la fantasía de retenerlo, de prolongar dicho placer más allá de su duración natural, de hacerlo "permanente".
Es un constante identificarse con un pensamiento en oposición al fluir natural de la vida en uno, al fluir de lo que es.
El "yo" es en si mismo la concretización de la voluntad de separación, de no-comunión con la realidad, de no-comunión con la vida.
Y no es algo que "me pasa"; soy yo pensando.
Pensando: "dios", "camino", "iluminación", "felicidad", "paz interior", "amor", "riqueza", etc, etc, etc.
Y enganchando mi atención a ello como si de objetos reales se tratase, objetos que contuvieran en si ese "estado de placer permanente" que supongo es la plenitud, sin siquiera darme cuenta que dichos objetos portadores de placer permanente no existen; no son más que yo pensando, conceptualizando, y escapándole así con mi atención al sentirme como me siento.
O sea, escapándole a la única puerta a la totalidad que soy.
Eso de lo cual quiero escapar, ¿es algo distinto de mi; o lo que se siente así soy yo?
¿Este conflicto es algo distinto de mi; o el conflicto soy yo pensándome distinto de como me siento, de lo que interiormente es?
Y este reducido y mentalmente inventado, este restringido y carente sentido de "yo-separado", de "yo-objeto" con las cualidades contrarias u opuestas a como sea que me sienta, es el corsé de mi atención, de la atención, de la sensibilidad natural.
Es lo que hace que la atención administrada por el cerebro se focalice en el obtener el objeto de placer, y evitar los objetos de dolor.
Así el vivir se ve reducido a un foco.
Se vive desde un foco, tratando de no sentir nada de lo que pasa por fuera del mismo.
Foco regido por la idea mental referente a "yo" con la cual he identificado al "yo" como un "yo así y asá".
Desde allí se vive, en conflicto, resistiendo, concentradamente, constreñidamente, en franca oposición al movimiento totalitario y totalizador, al movimiento unitario de la vida.
Fantaseando con "algún día" alcanzar la plenitud de la "felicidad", del "amor", de la "iluminación", el "estado de advaita o no-dualidad", etc.
Sobreviviendo desde el foco de nuestra condicionada identificación mental.
Desde el reducto miserable de nuestro insignificante "yo" aislado.
Y en la "esperanza" de que ello algún día, por suerte, azar, esfuerzo, o lo que sea, llegue a cambiar.
Pero sin jamás detenernos a mirar, a cuestionar la realidad o irrealidad de ese supuesto "yo", contrario a como nos sentimos, que creemos ser.
Sin cuestionar la realidad de ese "yo-buscador" que asumimos ser.
Hasta el día en que ya el cuerpo, el cerebro, desgastado por el eterno conflicto, con el corazón ajado, deja de funcionar.
R.
Es el motivador de nuestra búsqueda, que es siempre la búsqueda de la completitud "perdida", del perdido sentido de totalidad, de plenitud.
No importa el nombre que le pongamos: felicidad, realización, liberación, dios, iluminación, éxito, y una larga lista de etcs.
La diferencia está en la palabra usada, y en las imágenes asociadas a dicha palabra.
Creemos que buscamos la riqueza material, a dios, la pareja perfecta, la comprensión última, etc, pero esto no es así.
En el sentido de que no buscamos esas cosas por si mismas, sino por lo que suponemos que pueden proveernos, que pueden devolvernos, a saber: el sentido de completitud, de ser un todo en unidad, con todos y con el todo.
O sea que todas esas cosas son, en realidad, un medio, que en nuestra fantasía, una vez alcanzadas, nos van a proveer a nosotros, a "yo", o sea, al sujeto de dicha historia mental o psicológica, del tan ansiado sentido de totalidad permanente.
Si, permanente; por que si no, ni siquiera valdría la pena buscarlo con tanto afán.
Si dura lo que un fósforo, no vale la pena invertir en ello tanta leña.
Al menos ese es el consenso popular.
Por supuesto, que en realidad, dichos objetos, ya sean éstos físicos o mentales, no tienen ni han tenido jamás la menor chance de devolvernos a dicho "estado permanente".
¿Cómo lo sé?
Es simple.
Primero, el sentido de plenitud no es un estado, es la conciencia del todo que somos, la cual se mantiene independientemente del estado por el cual estemos atravesando.
Y segundo, porque no existen "estados permanentes".
Todo estado es, por definiciòn y naturaleza, impermanente, evanescente.
Como una ola; aparentemente es, pero sólo mientras dura.
Todos los estados suceden en mi como un todo que los contiene, tal cual las olas suceden en-el-mar; no al-mar.
Todo estado emerge en mi, alcanza naturalmente el apogeo de su intensidad en mi, y se disuelve en mi, sin dejar en mi rastro o modificación alguna de mi pleno sentido de ser el todo que soy.
Esto hasta la intervención del pensamiento.
Pensamiento que no es "otro" pensando en mi, sino yo mismo pensando, pero tomando los pensamientos como si de objetos reales así percibidos se tratase.
Al pensar sobre "mi situación" interior (que soy yo mismo sintiéndome así o asá), lo hago etiquetando el como me siento a mi mismo con una etiqueta correspondiente al sentimiento o la emoción tal o cual, y luego me etiqueto a mi como un "yo" distinto de como me siento a mi mismo!!!
Como un "yo" distinto de como me siento, que debe "hacer algo" con ese sentimiento.
Como si el sentimiento fuese algo separado de mi, y no un movimiento en la corriente anímica de mi ser (lo cual realmente es).
Así, si el sentimiento es placentero, "tengo que hacer algo para retenerlo"; y si por el contrario, fuese doloroso, o por lo menos molesto, "tengo que hacer algo para sacármelo".
Y ésta es la desdicha, el conflicto interior, la fragmentación interior en la cual se esfuma toda nuestra vitalidad; la división interior mediante la cual somos expulsados del paraíso de la unidad, del sentido de totalidad, de plenitud.
Estigma con el cual cargamos toda nuestra existencia, mientras buscamos en los objetos o en los estados, encontrar aquello que lo subsane y haga desaparecer de nuestra conciencia.
En la inmensa mayoría de los casos, se vive "en la esperanza" y se muere "en la esperanza", amargado, frustrado, como sin terminar de entender o asumir que la vida "ya" ha pasado.
No parecemos darnos cuenta de que la fragmentación está en el enfoque, en el movimiento equivocado de la atención a través del pensamiento conceptual, y no en la naturaleza de la realidad.
Sino en la "realidad" interior creada por nosotros mismos al asumir como válida la división del "yo" y el "no-yo", del "yo" y "tal sentimiento" como si fuesen dos cosas distintas o separadas; dos objetos distintos.
Y no parezco darme cuenta que éste es el único y sólo conflicto, asuma la forma que asuma.
Y este conflicto, no es algo ajeno a mi: soy yo pensando sobre mi mismo en términos de un "yo" como entidad separada de lo que siento.
En la medida en que mi atención queda enganchada con uno de estos fragmentos, de estas etiquetas, no estoy ya viendo, sintiendo, viviendo desde mi totalidad de ser; desde la totalidad que es siempre inafectada en su cualidad de totalidad o unidad, en la medida en que no se identifica a si misma mental o conceptualmente como un fragmento llamado "yo", en oposición o contraposición a otro fragmento llamado "el sentimiento tal".
¿Existen realmente en mi interior "yo" y el como me siento?
O ¿"yo" no existe, no es más que una abstracción, y lo único real es el como me siento?
Lo único que existe es el como me siento en este momento, y no soy distinto ni separado de ello; jamás.
La dualidad es pues, una fantasía.
Soy esa totalidad, esa integralidad, que en este momento se siente como se siente.
Y punto.
Y al verlo, cesa espontáneamente, sin que tenga que hacer nada para ello, todo sentimiento de conflicto o fragmentación interior.
NO SOY DISTINTO O SEPARADO DE COMO SEA QUE ME SIENTA.
Ver esto, es estar para siempre libres del conflicto.
Entonces la vida se torna muy simple.
No necesariamente fácil, sino simple.
En mi imaginación identifico al imaginario "yo" con algo, con una meta, y así, me paso el resto de la vida tratando infructuosamente de alcanzar tal o cual cosa que me va a dar un "estado permanente de plenitud".
Pero jamás veo la falsedad del conflicto interior que trato de suprimir alcanzando una meta, llámese ésta unidad, iluminación, dios, realización, liberación, éxito, ser millonario, etc.
Y mientras ese sentido de conflicto, de división interior no sea visto como la falsedad que es, entonces no hay ni habrá jamás ni la más remota posibilidad de "volver a sentirme completo", nunca.
Ese "yo" con el que fantaseo, no es algo estático, sino que es siempre un movimiento de oposición, de resistencia, de separación, de distanciamiento, de "escape" de como sea que me sienta hacia el mundo de la fantasía.
Aún cuando siento placer.
El "yo" es la fantasía de retenerlo, de prolongar dicho placer más allá de su duración natural, de hacerlo "permanente".
Es un constante identificarse con un pensamiento en oposición al fluir natural de la vida en uno, al fluir de lo que es.
El "yo" es en si mismo la concretización de la voluntad de separación, de no-comunión con la realidad, de no-comunión con la vida.
Y no es algo que "me pasa"; soy yo pensando.
Pensando: "dios", "camino", "iluminación", "felicidad", "paz interior", "amor", "riqueza", etc, etc, etc.
Y enganchando mi atención a ello como si de objetos reales se tratase, objetos que contuvieran en si ese "estado de placer permanente" que supongo es la plenitud, sin siquiera darme cuenta que dichos objetos portadores de placer permanente no existen; no son más que yo pensando, conceptualizando, y escapándole así con mi atención al sentirme como me siento.
O sea, escapándole a la única puerta a la totalidad que soy.
Eso de lo cual quiero escapar, ¿es algo distinto de mi; o lo que se siente así soy yo?
¿Este conflicto es algo distinto de mi; o el conflicto soy yo pensándome distinto de como me siento, de lo que interiormente es?
Y este reducido y mentalmente inventado, este restringido y carente sentido de "yo-separado", de "yo-objeto" con las cualidades contrarias u opuestas a como sea que me sienta, es el corsé de mi atención, de la atención, de la sensibilidad natural.
Es lo que hace que la atención administrada por el cerebro se focalice en el obtener el objeto de placer, y evitar los objetos de dolor.
Así el vivir se ve reducido a un foco.
Se vive desde un foco, tratando de no sentir nada de lo que pasa por fuera del mismo.
Foco regido por la idea mental referente a "yo" con la cual he identificado al "yo" como un "yo así y asá".
Desde allí se vive, en conflicto, resistiendo, concentradamente, constreñidamente, en franca oposición al movimiento totalitario y totalizador, al movimiento unitario de la vida.
Fantaseando con "algún día" alcanzar la plenitud de la "felicidad", del "amor", de la "iluminación", el "estado de advaita o no-dualidad", etc.
Sobreviviendo desde el foco de nuestra condicionada identificación mental.
Desde el reducto miserable de nuestro insignificante "yo" aislado.
Y en la "esperanza" de que ello algún día, por suerte, azar, esfuerzo, o lo que sea, llegue a cambiar.
Pero sin jamás detenernos a mirar, a cuestionar la realidad o irrealidad de ese supuesto "yo", contrario a como nos sentimos, que creemos ser.
Sin cuestionar la realidad de ese "yo-buscador" que asumimos ser.
Hasta el día en que ya el cuerpo, el cerebro, desgastado por el eterno conflicto, con el corazón ajado, deja de funcionar.
R.
martes, 11 de enero de 2011
Nada importa.
Nuestro modo habitual de vivir, es correr trás de algo.
No importa qué.
Algo que asumimos que es importante.
Al menos para nosotros.
En pos de conseguirlo, nos esforzamos, luchamos, negociamos, rogamos, nos desvelamos, tratamos de imponer condiciones, o de imponérnoslas a nosotros mismos, etc.
En fin, en pos de la consecución de tal meta, inmediata o al largo plazo, empeñamos nuestro vivir, nuestro tiempo y nuestra vitalidad, nuestro tiempo vital, nuestra vida, y nuestro sentido de integridad y de dignidad en primer término.
Nuestras acciones, son por tanto, en general, motivadas por ésta búsqueda.
O sea que nuestro modo de vivir, nuestro ralacionarnos con la vida y todo lo que hay en ella, está pautado por ésta búsqueda, por esta meta, que es nuestro motivador psicológico.
Y como la vida, que es una danza de impermanencias, se empeña en fluir como le viene en gana, en vez de hacerlo según nuestros planes, esto nos hace sentirnos separados del fluir de la vida tal cual este se presenta en este momento.
Aún en los momentos en que todo nos parece que es "como yo pienso que debería ser", aún en dichos momentos, la tensión subyace junto con el miedo, pues sabemos que dichas condiciones, no importa cuan garantizadas nos parezcan, pueden, y de hecho van, a cambiar, y que pueden hacerlo de un momento a otro.
Por tanto, ni siquiera cuando parece que logramos "salirnos con la nuestra", que logramos imponernos a la vida, ni siquiera en dichos momentos hay verdadera paz adentro.
Nuestra atención sigue en mayor o menor medida extrovertida hacia el externo del propio sentido de ser, al pendiente del más mínimo cambio o variación en las condiciones que nos "aseguran" el estado interior deseado.
Al pendiente de aquello que para nosotros, es más importante que simplemente ser.
Más importante que la vida, que el vivir mismo.
Y por supuesto, como todo nuestro vivir es motivado, entonces no hay amor en nuestro vivir.
Todo lo hacemos de fondo por "ese" motivo, o por lo menos con esa meta como referencia para ser; desde ella y comparándo todo con ella, nos movemos acercándonos o alejándonos de algo, en función de un criterio de conveniencia personal, o sea, de si ello "me sirve" para acercarme a mi meta, o si por el contrario no me sirve.
Y según eso, de si tal o cual cosa "me parece bien", o si por el contrario "me parece mal" que sea así.
Y según ello, entonces "me gusta", o "no me gusta", "no me produce ningún placer", "ningún beneficio".
Claro está que ésto no es vida.
Se está vivo cuando se ama.
Se está verdaderamente vivo cuando mi hacer vital no es motivado, cuando no hago esto para conseguir esto otro, o para tratar de imponer nada; sino simplemente cuando hago lo que hago por amor, por que lo siento, porque siento que es lo que el corazón me demanda, por integridad; no por un resultado.
O mejor dicho, más allá de cual sea que fuere el resultado.
Ese es el único vivir que tiene sentido.
No "importancia", sino sentido.
Pero "importancia"...
¿Qué cosa o persona es intrínsecamente importante?
¿Qué o quién es importante para la vida?
No para "mi" vida, sino para la vida.
¿O acaso "mi" vida, es importante para la vida?
¿"Mi" permanencia?
No para mi, pues si es para mi, no es entonces que sea importante por sí mismo, sino que yo mental y caprichosamente asumo que es importante.
¿Hay algo que sea importante para la vida?
¿O la vida, en la cual somos una expresión pasajera dentro de la misma, la VIDA es lo importante?
La vida, no "mi" vida o "tú vida".
De hecho, nosotros no nos pertenecemos, le pertenecemos a la vida.
Somos parte de ella y sin ella no somos.
No somos separados de ella.
Somos ella, no un "yo" o un "tú" separados de ella, ajenos o aparte, o distintos de ella.
No existe tal cosa.
"En ella nos movemos y tenemos nuestro ser."
Y esa vida es lo único importante, pues además es lo único que es, lo único que existe realmente.
Todo lo que vemos no son más que las infinitas apariencias que esta vida, que es conciencia, toma para expresarse.
Por ello es que en realidad no hay muerte; la muerte sólo es de lo aparente.
¿Qué puede importar para la vida que mi experiencia de vida sea más así o menos asá, por el ínfimo lapso de tiempo que ésta pudiera durar?
¿Qué importancia puede tener para la vida el conseguir o no conseguir, el lograr o no lograr, el llegar o no llegar, etc?
¿Qué importancia pueden tener para la vida controlar la conducta de X, la aceptación o el rechazo de Z, la garantía de N?
¿Qué importancia puede tener para la vida "mi experiencia"?
¿Qué importancia puede tener para la vida "la experiencia", no importa de quien sea?
¿Qué importancia o diferencia de más o de menos lo puede hacer lo que sea a la vida?
Para la vida, ¿hay alguien importante?
Más aún, para la vida, ¿hay alguien aparte de ella representando tal o cual papel?
¿Qué importancia puede tener para la vida el cómo fuera mi experiencia de vida, o cuánto esta pudiera haber durado?
¿Qué importancia puede tener para eso que llamo "mi" vida, para mi vivir, el que mi experiencia sea más así o más asá?
¿Es realmente importante el-qué vivo?
¿O lo único que cuenta, en un juego en el que nada ni "nadie" es importante, es el-cómo lo vivo?
O sea, cómo vivo lo que sea que me toque vivir.
Pero sin desesperarme, ni correr, ni estar tan al pendiente del qué vivo, ni del resultado de tal o cual cosa que hice, sino del cómo estoy viviéndolo.
Sino el vivir humanamente, íntegramente, con sentido, con dignidad, con afecto.
Haciendo lo que hago y como lo hago por la acción misma, porque libre de cualquier consideración mental o revalúo psicológico acerca de la supuesta "importancia" de tal accionar, es lo que siento hacer, y no porque crea o asuma mentalmente que "hacer tal cosa es importante para que pase o no pase tal otra".
Sino no soy un amante, soy un mercader.
Y a los mercaderes la vida los hecha a patadas del templo del corazón.
¿Hay algo que sea importante por si mismo?
¿Algo trás lo que tengamos que correr, aún a costa de nuestra propia humanidad?
¿Puedo aceptar que nada es importante?
¿Qué lo importante en la vida no es "preferir" esto a aquello, sino abrazar la vida como sea que ésta se presente frente a nosotros, y no "separarnos" de ella, corriendo trás de "lo que para mi es importante"?
Aún así, algunos piensan y seguirán pensando que lo único importante es sobrevivir a cualquier precio.
Pero eso no es vida.
Nada (no-thing), ninguna cosa, ningún algo es importante para la vida.
Nada.
Sólo la vida lo es.
El vivir, no apegado a cosa alguna, es la vida.
Lo único "importante".
P.D.
al final del camino
cuando todo ya sea nada
bajo la luz indeleble
de la última jornada
entonces de seguro sabremos
con certeza indisimulable
qué cosa era lo único
imprescindíble para vivir
y sabremos también entonces
si de verdad vivimos y aún estamos vivos
o si tan sólo
transcurrimos
sin sentido...
P.D.2
el inmensurable océano del no-saber es mi patria
y en él
el inestimable darme cuenta del no-saber es mi hogar
y el insobornable darme cuenta
de que nada importa
es mi barco...
R.
No importa qué.
Algo que asumimos que es importante.
Al menos para nosotros.
En pos de conseguirlo, nos esforzamos, luchamos, negociamos, rogamos, nos desvelamos, tratamos de imponer condiciones, o de imponérnoslas a nosotros mismos, etc.
En fin, en pos de la consecución de tal meta, inmediata o al largo plazo, empeñamos nuestro vivir, nuestro tiempo y nuestra vitalidad, nuestro tiempo vital, nuestra vida, y nuestro sentido de integridad y de dignidad en primer término.
Nuestras acciones, son por tanto, en general, motivadas por ésta búsqueda.
O sea que nuestro modo de vivir, nuestro ralacionarnos con la vida y todo lo que hay en ella, está pautado por ésta búsqueda, por esta meta, que es nuestro motivador psicológico.
Y como la vida, que es una danza de impermanencias, se empeña en fluir como le viene en gana, en vez de hacerlo según nuestros planes, esto nos hace sentirnos separados del fluir de la vida tal cual este se presenta en este momento.
Aún en los momentos en que todo nos parece que es "como yo pienso que debería ser", aún en dichos momentos, la tensión subyace junto con el miedo, pues sabemos que dichas condiciones, no importa cuan garantizadas nos parezcan, pueden, y de hecho van, a cambiar, y que pueden hacerlo de un momento a otro.
Por tanto, ni siquiera cuando parece que logramos "salirnos con la nuestra", que logramos imponernos a la vida, ni siquiera en dichos momentos hay verdadera paz adentro.
Nuestra atención sigue en mayor o menor medida extrovertida hacia el externo del propio sentido de ser, al pendiente del más mínimo cambio o variación en las condiciones que nos "aseguran" el estado interior deseado.
Al pendiente de aquello que para nosotros, es más importante que simplemente ser.
Más importante que la vida, que el vivir mismo.
Y por supuesto, como todo nuestro vivir es motivado, entonces no hay amor en nuestro vivir.
Todo lo hacemos de fondo por "ese" motivo, o por lo menos con esa meta como referencia para ser; desde ella y comparándo todo con ella, nos movemos acercándonos o alejándonos de algo, en función de un criterio de conveniencia personal, o sea, de si ello "me sirve" para acercarme a mi meta, o si por el contrario no me sirve.
Y según eso, de si tal o cual cosa "me parece bien", o si por el contrario "me parece mal" que sea así.
Y según ello, entonces "me gusta", o "no me gusta", "no me produce ningún placer", "ningún beneficio".
Claro está que ésto no es vida.
Se está vivo cuando se ama.
Se está verdaderamente vivo cuando mi hacer vital no es motivado, cuando no hago esto para conseguir esto otro, o para tratar de imponer nada; sino simplemente cuando hago lo que hago por amor, por que lo siento, porque siento que es lo que el corazón me demanda, por integridad; no por un resultado.
O mejor dicho, más allá de cual sea que fuere el resultado.
Ese es el único vivir que tiene sentido.
No "importancia", sino sentido.
Pero "importancia"...
¿Qué cosa o persona es intrínsecamente importante?
¿Qué o quién es importante para la vida?
No para "mi" vida, sino para la vida.
¿O acaso "mi" vida, es importante para la vida?
¿"Mi" permanencia?
No para mi, pues si es para mi, no es entonces que sea importante por sí mismo, sino que yo mental y caprichosamente asumo que es importante.
¿Hay algo que sea importante para la vida?
¿O la vida, en la cual somos una expresión pasajera dentro de la misma, la VIDA es lo importante?
La vida, no "mi" vida o "tú vida".
De hecho, nosotros no nos pertenecemos, le pertenecemos a la vida.
Somos parte de ella y sin ella no somos.
No somos separados de ella.
Somos ella, no un "yo" o un "tú" separados de ella, ajenos o aparte, o distintos de ella.
No existe tal cosa.
"En ella nos movemos y tenemos nuestro ser."
Y esa vida es lo único importante, pues además es lo único que es, lo único que existe realmente.
Todo lo que vemos no son más que las infinitas apariencias que esta vida, que es conciencia, toma para expresarse.
Por ello es que en realidad no hay muerte; la muerte sólo es de lo aparente.
¿Qué puede importar para la vida que mi experiencia de vida sea más así o menos asá, por el ínfimo lapso de tiempo que ésta pudiera durar?
¿Qué importancia puede tener para la vida el conseguir o no conseguir, el lograr o no lograr, el llegar o no llegar, etc?
¿Qué importancia pueden tener para la vida controlar la conducta de X, la aceptación o el rechazo de Z, la garantía de N?
¿Qué importancia puede tener para la vida "mi experiencia"?
¿Qué importancia puede tener para la vida "la experiencia", no importa de quien sea?
¿Qué importancia o diferencia de más o de menos lo puede hacer lo que sea a la vida?
Para la vida, ¿hay alguien importante?
Más aún, para la vida, ¿hay alguien aparte de ella representando tal o cual papel?
¿Qué importancia puede tener para la vida el cómo fuera mi experiencia de vida, o cuánto esta pudiera haber durado?
¿Qué importancia puede tener para eso que llamo "mi" vida, para mi vivir, el que mi experiencia sea más así o más asá?
¿Es realmente importante el-qué vivo?
¿O lo único que cuenta, en un juego en el que nada ni "nadie" es importante, es el-cómo lo vivo?
O sea, cómo vivo lo que sea que me toque vivir.
Pero sin desesperarme, ni correr, ni estar tan al pendiente del qué vivo, ni del resultado de tal o cual cosa que hice, sino del cómo estoy viviéndolo.
Sino el vivir humanamente, íntegramente, con sentido, con dignidad, con afecto.
Haciendo lo que hago y como lo hago por la acción misma, porque libre de cualquier consideración mental o revalúo psicológico acerca de la supuesta "importancia" de tal accionar, es lo que siento hacer, y no porque crea o asuma mentalmente que "hacer tal cosa es importante para que pase o no pase tal otra".
Sino no soy un amante, soy un mercader.
Y a los mercaderes la vida los hecha a patadas del templo del corazón.
¿Hay algo que sea importante por si mismo?
¿Algo trás lo que tengamos que correr, aún a costa de nuestra propia humanidad?
¿Puedo aceptar que nada es importante?
¿Qué lo importante en la vida no es "preferir" esto a aquello, sino abrazar la vida como sea que ésta se presente frente a nosotros, y no "separarnos" de ella, corriendo trás de "lo que para mi es importante"?
Aún así, algunos piensan y seguirán pensando que lo único importante es sobrevivir a cualquier precio.
Pero eso no es vida.
Nada (no-thing), ninguna cosa, ningún algo es importante para la vida.
Nada.
Sólo la vida lo es.
El vivir, no apegado a cosa alguna, es la vida.
Lo único "importante".
P.D.
al final del camino
cuando todo ya sea nada
bajo la luz indeleble
de la última jornada
entonces de seguro sabremos
con certeza indisimulable
qué cosa era lo único
imprescindíble para vivir
y sabremos también entonces
si de verdad vivimos y aún estamos vivos
o si tan sólo
transcurrimos
sin sentido...
P.D.2
el inmensurable océano del no-saber es mi patria
y en él
el inestimable darme cuenta del no-saber es mi hogar
y el insobornable darme cuenta
de que nada importa
es mi barco...
R.
viernes, 7 de enero de 2011
En respuesta a una carta de Roberto.
Hola Richard: Insisto:todo lo dices muy bien, incluso mejor que yo.-
Pero, no estamos hablando del ser ,al hablar de lo que no lo es?.-
Acaso no lo estamos caracterizando verbalmente? Aunque solo apuntemos a el?
Acaso el propio pensamiento,no se ha formulado una idea del ser?
Me pregunto:No es necesario que el yo termine, que haya un darse cuenta de uno mismo ,para que el ser pueda hablar? Y no lo haga el pensamiento?
Quien es, el que dice todo lo que dice,y que tan bien lo dice?
Yo, para mi, todavía creo que es el pensamiento el que habla , desde mi memoria.=
Solo la transformación de mi vida de relación ,en la que ha desaparecido la actividad egocéntrica, es la clave, el test, de que es el ser el que habla.-Difícilmente me de cuenta yo mismo de mi propia transformación.-
También entiendo ,que la transformación, que la terminación del tiempo psicológico, ocurre en el tiempo cronológico.-
Que difícilmente sea completa ,total, en este instante, ahora.-
En este instante, ahora,puede empezar la destrucción del yo, y la culminación de este proceso que una vez iniciado,ya no se detiene, no se cuando ocurrirá.-
Todo esto lo puedo resumir diciendo: donde esta el yo ,el pensamiento ligado al tiempo,Eso no esta.-
Y Eso,una vez que se inicia,se profundiza,lo toma mas a uno,o,se extiende, se agrada a si mismo, en el tiempo cronológico a medida que se va destruyendo el núcleo yoico de las relaciones interpersonales.-
O, si quieres, solo en las relaciones interpersonales, podemos probarnos si lo que decimos surge del pensamiento, o de Eso.-
Un fuerte abrazo
Roberto
Responder
Hola Roberto, me alegra tener noticias de ti.
Vamos paso a paso.
Quién dice lo que dice?
Quién escribe lo que escribe?
Permítaseme señalar algo: lo único que importa realmente es quién es el que lee.
Aparte de eso, como dato anecdótico, está el que quien escribe no pretende constituírse en autoridad, ni tiene nada que vender.
No es distinto de nadie, y si así lo pretendiera, eso sería la negaciòn de todo lo expresado hasta ahora.
¿Por què escribir?
¿Por qué hablar?
Canto porque esta es mi canción; así es como la vida canta a través de el tipo R.
Y éste es su perfume.
Pero la grán pregunta es: ¿quién es el que lee?
¿Quién es el que escucha?
Y si está dispuesto a abordar el tema con la seriedad y compromiso de un condenado a muerte.
Ciértamente que para comunicarnos, en general, usamos del pensamiento.
En ello no hay problema alguno implícito.
El problema es el conceptualizar; no el señalar.
Decir "ser" es sañalar.
Pensar acerca del ser, ésa es la grán estupidez.
Es el viejo problema de la luna y la confusión de la misma con el dedo que la señala.
Como decía K, la palabra nunca es la cosa.
No en lo interno.
Las ideas sobre ser, las cuales agrupamos bajo el denominador categórico de "yo", son sólo eso, un manojo de ideas, de recuerdos seleccionados más o menos arbitrariamente, y luego el cerebro construyendo una imágen sobre esas ideas, y unas historias sobre dicha imágen.
Pero allí no hay nada!!!
Cómo podría disolverse de-a-poco lo que jamás ha existido?!!!
Cómo podría ello ser jamás un proceso?!!!
Cómo podría el tiempo cronológico modificar un tiempo psicológico que sólo existe en la fantasía de un cerebro que, para medir y dar significado al pasar del tiempo cronológico, toma por referencia de medida a una entidad que no existe?
Acaso el tiempo es el antídoto contra el error?
Entonces la humanidad no tendría milenios en la misma barbarie.
Cuánto tiempo cronológico se requiere para darse cuenta?
De lo que sea.
No cuanto tiempo me toma reunir datos sobre algo, sopesarlos, compararlos, tejer hipótesis al respecto, etc; no.
Sino darme cuenta.
Darse cuenta, ¿ocurre en un segundo?
¿O en un sin-segundo?
Es un proceso?
O en el instante de mirar-sentir sin pre-juicios se ve?
Se ve primero lo que es falso, y luego lo otro va viniéndo de a poco?
Se ve primero lo verdadero, y luego de a poco lo falso va dejando de ser tomado como tal?
O encerder la luz y disiparse el centro de la oscuridad son una sola cosa?
Un sólo y único movimiento?
No existe tal cosa como la extinción en el tiempo de aquello que en realidad nunca ha existido realmente.
Y por tanto, no existen tampoco todas esas categorizaciones y separaciones tejidas a partir de dicho referente imaginario.
Categorizaciones artificiosas tales como "mi sufrimiento" y "tú sufrimiento", o "mi mundo" y "tu mundo", o "mi integridad" y "tú integridad", etc.
Visto esto, vista la falsedad, la inexistencia en lo real, del falso centro que cimentaba todo el castillo de naipes de nuestro sentido egóico y separatista, entonces toda la muralla de contenciòn anímica se viene abajo.
Ello si involucra, en mayor o menor medida, al cerebro y sus hábitos, y por lo tanto, al tiempo cronológico.
Pero la situación interior ya es de una total vulnerabilidad, y una total no asociación con ninguna imágen o referencia alguna de ser.
Nada que afirmar o defender.
Y ello ciertamente se traduce en la cualidad del vivir.
No es que a nadie le vaya a salir un halo.
Ni que se convierta en algún tipo de santurrón.
Es que la vida es-integridad.
Y por tanto ninguna accíon de explotación o que vaya en detrimento de dicha integridad será ahora posible.
Nunca más.
Mucho menos aún el relacionamiento de dependencia, entiéndase gurú-discípulo, sacerdote-creyente, salvador-devoto, psicólogo-paciente, etc.
Más para verlo "desde afuera" no sólo hay que estar atento, sino que hay que estar parado allí mismo.
La atención brinda esa posibilidad por un segundo.
Luego "quedarse" allí o desplazarse a "mis ideas sobre como debería lucir y comportarse alguien que habla desde el ser", ya es asunto de la profundidad, el compromiso, la pasión y la entrega a esa indagación.
¿Quién puede decir "yo" estoy iluminado, realizado, encarné la verdad, etc?
Si lo dice, es que es, por puro mérito propio, un completo imbécil.
Y si aquel que ve no lo dice, ¿qué importa lo que pueda decir el que no ve?
¿el que tan sólo especula con lo que ha leído o escuchado sobre ello, y que luego en base a algunas experiencias "misticas" se erige en un experto y autoridad en "iluminología", "despertología", etc?
¿Qué referencia para decir algo de si puede usar aquel que internamente ya no tiene ni guarda ninguna referencia para ser?
¿Qué puede decir sobre si aquel que no se siente jamás tocado por el lenguaje?
¿Hay en él algo nuevo que antes no había?
No.
¿Hay algo menos de lo que antes había?
No.
¿Cuál es entonces la diferencia?
Que ya no hay más en él la ilusión de ser distinto, separado, carente, etc.
O sea, la ilusión de ser ese falso yo que en realidad jamás existió.
Un fuerte abrazo,
R
Pero, no estamos hablando del ser ,al hablar de lo que no lo es?.-
Acaso no lo estamos caracterizando verbalmente? Aunque solo apuntemos a el?
Acaso el propio pensamiento,no se ha formulado una idea del ser?
Me pregunto:No es necesario que el yo termine, que haya un darse cuenta de uno mismo ,para que el ser pueda hablar? Y no lo haga el pensamiento?
Quien es, el que dice todo lo que dice,y que tan bien lo dice?
Yo, para mi, todavía creo que es el pensamiento el que habla , desde mi memoria.=
Solo la transformación de mi vida de relación ,en la que ha desaparecido la actividad egocéntrica, es la clave, el test, de que es el ser el que habla.-Difícilmente me de cuenta yo mismo de mi propia transformación.-
También entiendo ,que la transformación, que la terminación del tiempo psicológico, ocurre en el tiempo cronológico.-
Que difícilmente sea completa ,total, en este instante, ahora.-
En este instante, ahora,puede empezar la destrucción del yo, y la culminación de este proceso que una vez iniciado,ya no se detiene, no se cuando ocurrirá.-
Todo esto lo puedo resumir diciendo: donde esta el yo ,el pensamiento ligado al tiempo,Eso no esta.-
Y Eso,una vez que se inicia,se profundiza,lo toma mas a uno,o,se extiende, se agrada a si mismo, en el tiempo cronológico a medida que se va destruyendo el núcleo yoico de las relaciones interpersonales.-
O, si quieres, solo en las relaciones interpersonales, podemos probarnos si lo que decimos surge del pensamiento, o de Eso.-
Un fuerte abrazo
Roberto
Responder
Hola Roberto, me alegra tener noticias de ti.
Vamos paso a paso.
Quién dice lo que dice?
Quién escribe lo que escribe?
Permítaseme señalar algo: lo único que importa realmente es quién es el que lee.
Aparte de eso, como dato anecdótico, está el que quien escribe no pretende constituírse en autoridad, ni tiene nada que vender.
No es distinto de nadie, y si así lo pretendiera, eso sería la negaciòn de todo lo expresado hasta ahora.
¿Por què escribir?
¿Por qué hablar?
Canto porque esta es mi canción; así es como la vida canta a través de el tipo R.
Y éste es su perfume.
Pero la grán pregunta es: ¿quién es el que lee?
¿Quién es el que escucha?
Y si está dispuesto a abordar el tema con la seriedad y compromiso de un condenado a muerte.
Ciértamente que para comunicarnos, en general, usamos del pensamiento.
En ello no hay problema alguno implícito.
El problema es el conceptualizar; no el señalar.
Decir "ser" es sañalar.
Pensar acerca del ser, ésa es la grán estupidez.
Es el viejo problema de la luna y la confusión de la misma con el dedo que la señala.
Como decía K, la palabra nunca es la cosa.
No en lo interno.
Las ideas sobre ser, las cuales agrupamos bajo el denominador categórico de "yo", son sólo eso, un manojo de ideas, de recuerdos seleccionados más o menos arbitrariamente, y luego el cerebro construyendo una imágen sobre esas ideas, y unas historias sobre dicha imágen.
Pero allí no hay nada!!!
Cómo podría disolverse de-a-poco lo que jamás ha existido?!!!
Cómo podría ello ser jamás un proceso?!!!
Cómo podría el tiempo cronológico modificar un tiempo psicológico que sólo existe en la fantasía de un cerebro que, para medir y dar significado al pasar del tiempo cronológico, toma por referencia de medida a una entidad que no existe?
Acaso el tiempo es el antídoto contra el error?
Entonces la humanidad no tendría milenios en la misma barbarie.
Cuánto tiempo cronológico se requiere para darse cuenta?
De lo que sea.
No cuanto tiempo me toma reunir datos sobre algo, sopesarlos, compararlos, tejer hipótesis al respecto, etc; no.
Sino darme cuenta.
Darse cuenta, ¿ocurre en un segundo?
¿O en un sin-segundo?
Es un proceso?
O en el instante de mirar-sentir sin pre-juicios se ve?
Se ve primero lo que es falso, y luego lo otro va viniéndo de a poco?
Se ve primero lo verdadero, y luego de a poco lo falso va dejando de ser tomado como tal?
O encerder la luz y disiparse el centro de la oscuridad son una sola cosa?
Un sólo y único movimiento?
No existe tal cosa como la extinción en el tiempo de aquello que en realidad nunca ha existido realmente.
Y por tanto, no existen tampoco todas esas categorizaciones y separaciones tejidas a partir de dicho referente imaginario.
Categorizaciones artificiosas tales como "mi sufrimiento" y "tú sufrimiento", o "mi mundo" y "tu mundo", o "mi integridad" y "tú integridad", etc.
Visto esto, vista la falsedad, la inexistencia en lo real, del falso centro que cimentaba todo el castillo de naipes de nuestro sentido egóico y separatista, entonces toda la muralla de contenciòn anímica se viene abajo.
Ello si involucra, en mayor o menor medida, al cerebro y sus hábitos, y por lo tanto, al tiempo cronológico.
Pero la situación interior ya es de una total vulnerabilidad, y una total no asociación con ninguna imágen o referencia alguna de ser.
Nada que afirmar o defender.
Y ello ciertamente se traduce en la cualidad del vivir.
No es que a nadie le vaya a salir un halo.
Ni que se convierta en algún tipo de santurrón.
Es que la vida es-integridad.
Y por tanto ninguna accíon de explotación o que vaya en detrimento de dicha integridad será ahora posible.
Nunca más.
Mucho menos aún el relacionamiento de dependencia, entiéndase gurú-discípulo, sacerdote-creyente, salvador-devoto, psicólogo-paciente, etc.
Más para verlo "desde afuera" no sólo hay que estar atento, sino que hay que estar parado allí mismo.
La atención brinda esa posibilidad por un segundo.
Luego "quedarse" allí o desplazarse a "mis ideas sobre como debería lucir y comportarse alguien que habla desde el ser", ya es asunto de la profundidad, el compromiso, la pasión y la entrega a esa indagación.
¿Quién puede decir "yo" estoy iluminado, realizado, encarné la verdad, etc?
Si lo dice, es que es, por puro mérito propio, un completo imbécil.
Y si aquel que ve no lo dice, ¿qué importa lo que pueda decir el que no ve?
¿el que tan sólo especula con lo que ha leído o escuchado sobre ello, y que luego en base a algunas experiencias "misticas" se erige en un experto y autoridad en "iluminología", "despertología", etc?
¿Qué referencia para decir algo de si puede usar aquel que internamente ya no tiene ni guarda ninguna referencia para ser?
¿Qué puede decir sobre si aquel que no se siente jamás tocado por el lenguaje?
¿Hay en él algo nuevo que antes no había?
No.
¿Hay algo menos de lo que antes había?
No.
¿Cuál es entonces la diferencia?
Que ya no hay más en él la ilusión de ser distinto, separado, carente, etc.
O sea, la ilusión de ser ese falso yo que en realidad jamás existió.
Un fuerte abrazo,
R
Más allá del pensamiento.
Cualquier cosa que los demás piensen que soy no es lo que soy, es tan sólo un pensamiento sobre lo que soy, sobre mis apariencias de ser.
Cualquier cosa que yo mismo piense que soy no es lo que soy, es tan sólo un pensamiento sobre lo que soy, sobre mis apariencias de ser.
Y mientras que un pensamiento, una etiqueta, es algo estático, congelado, muerto, lo que sea que yo soy es algo vivo, se mueve, cambia de momento a momento, sin dejar por ello de ser si mismo.
Pero eso que esencialmente soy, no es definible, objetivable, pensable.
El pensamiento sólo puede señalarlo, no describirlo.
Pues el pensamiento no procede del ser, sino del mundo.
Es foráneo, es exterior, extranjero a nuestro ser, a lo que somos esencialmente.
Es adquirido.
Dado a nosotros por la sociedad, la cultura, por el mundo tal cual este era en el momento de nuestra aparición en escena.
El pensamiento es la resultante del conocimiento y la experiencia de la humanidad, o sea, de los que vivieron antes que yo.
Habla, en todo caso, de como ellos percibieron el mundo, no de mi.
Habla en realidad, de un concenso sobre lo que es; concenso del cual los que me enseñaron "como es el mundo" participaron de él.
Pero el pensamiento, ningún pensamiento es mío.
Mío, propio de mi-ser.
Inherente a mi ser.
Ningún pensamiento puede abarcar, contener, o rozar siquiera aquello que soy.
Lo que pueden, más o menos ser señaladas por el pensamiento, son las apariencias que las particularidades de ser toman en un momento dado al manifestarse.
Como por ejemplo, que hoy de mañana tenía ganas de caminar, y que por la tarde tenía ganas de echarme a dormir.
Pero eso no quiere decir que soy-enérgico, ni que soy-perezoso.
Así mismo, puedo ser calificado según mi color de piel, el país de nacimiento de este cuerpo, el idioma que hablo, la filiación política, el club de fútbol al cual tengo particular simpatía, las particularidades culturales de la sociedad del lugar donde habitualmente resido, la profesión con la cual gano mi sustendo, la clase social dentro de la cual soy enmarcado por algún sociólogo, el clán social en el cual nací, la religión dominante en la región que habito, o cualquier otra característica de la historia personal.
Todo ello, sin duda, constituye el material que puede efectívamente ser señalado por el pensamiento.
Así mismo, todos aquellos hábitos o elementos más o menos constantes en mi vida.
Pero aún así, nada de eso dice lo que soy.
Todas esas cosas que el pensamiento señala son las apariencias que esta vida que soy toma en un momento determinado, y nada más.
En otras palabras, son todas características superficiales.
Y son por supuesto, las que nos distinguen, las que nos diferencian unos de otros.
Pero lo que en esencia soy, o somos, ¿puede ser pensado?
¿Puede el pensamiento, que es el resultado del tiempo, la experiencia, la memoria, y por lo tanto el conocimiento limitado, aún por más amplio que este conocimiento puedira ser, puede el pensamiento tocar aquello que no se repite, que está vivo, que palpita y se manifiesta de modo único e irrepetible en cada quien en cada momento de la vida?
¿Puede el archivo de lo muerto, de la memoria, contactar con aquello que está vivo, siendo en este momento de un modo que jamás antes fue? ¿de un modo que no está registrado en la memoria?
Algunos pretenden describir los estados interiores por los cuales atravesamos habitualmente, y confunden esto con ser un "yo", estático, imaginariamente permanente, constante, contínuo, al cual los estados le ocurren "a él".
Y esa es en sí la más grande mentira, la más grande falacia del pensamiento.
La de que "yo" y "lo mío", o sea "yo" y "mis estados", somos dos cosas distintas y separadas.
No hay tal cosa como "yo" y "la ira", "yo que soy pacífico" y "la ira que me atacó en un momento".
"La ira", soy en realidad, yo.
Soy yo sintiéndome así a mi.
No "yo que tengo ira", no "yo y mi ira": yo soy la ira.
No como un concepto estático sobre "yo".
Sino que interiormente, no hay jamás diferencia o separación entre uno mismo,y la cualidad o el sentimiento de como uno siente en el momento en que uno se está observando ser.
Ése es el falso conflicto, creado, alimentado y sostenido por el pensamiento.
El de que "yo" y "mis sentimientos" somos dos cosas distintas, y "yo" debo "hacer algo" con ellos.
Esto es una conciencia dividida contra si misma.
Una conciencia fragmentada por la acción "etiquetante" del pensamiento.
Y el resultado es una vida de conflicto, indignidad, y desgracia.
De falta de integridad, de regateo interior por ser y esperanza de algún día llegar a ser; una vida de una constante miseria interior.
Como la etiqueta "yo" y la etiqueta "tal sentimiento" son distintas y conceptualmente (o sea en fantasía) mutuamente excluyentes, el cerebro asume que "yo" y "mis sentimientos" somos dos cosas distintas y separadas.
Observar en uno el absurdo, la falsedad de semejante propuesta, es el fin absoluto del conflicto en uno.
El fin de la división, de la fragmentación.
Y dichos sentimientos, cualesquiera que estos sean, no son jamás la propiedad particular de un ser, sino que son comunes a todo el género humano.
No son por tanto, características únicas, como para poder tazar en base a ellas una distinción y decir que "yo soy alguien que siente tristeza", y por tanto soy distinto de X "que es alguien que siente rabia".
Todos los seres humanos somos, esencialmente, lo mismo.
Las diferencias son totalmente superficiales.
Cada uno de nosotros es, esencialmente, la misma humanidad; la única humanidad.
O sea que interiormente no sólo no soy separable de como sea que me sienta, y ello está vivo, está cambiando de momento en momento, sino que además, no soy esencialmente distinguible o separable de ningún otro ser humano que exista, o haya existido, o pueda llegar a existir jamás.
Interiormente, no soy un individuo separado.
O más aún, no soy un individuo, no existe interiormente tal cosa.
Interiormente, NO SOY DISTINTO DE NADIE.
Todas las diferencias, todo lo que el pensamiento puede señalar en uno como distinto de otro, no son más que características superficiales.
Pensamiento que es la forma que el ser humano ha creado para medir, cuantificar, direnciar, designar, y así comunicarse.
Pensamiento que es de hechura humana.
Como todos los conceptos creados por el pensar.
Pero lo que soy no es un concepto; no se deja atrapar en la red del pensar.
Y no es de hechura humana.
No hay ningún pensamiento o etiqueta que sea particularmente "mío", propio de mi ser, de mi esencia.
El pensamiento no puede jamás decirme quien soy, ni que o quien es nadie.
El pensamiento sólo puede hablar de lo superficial, de la apariencia.
No del ser.
El pensamiento, aplicado a lo interno, sólo es fuente de confusión, de conflicto, de división, de fragmenteación.
Y no es por tanto la herramienta que podrá ayudarme a "lidiar" conmigo, ni con mis relaciones o problemas vivos, humanos.
El pensamiento no es la herramienta para lidiar con lo interior.
Sólo la observación sin la interferencia del pensamiento conceptual, el lúcido sentir de la vida en uno, es el único medio válido para vivir verdaderamente.
No soy jamás distindo de como sea que me sienta.
No soy distinto de nadie.
Ningún pensamiento es "mío".
Nunca podrá el pensamiento decirme quien son ni quien es nadie; jamás.
Darse cuenta de esto, es estar más allá del pensamiento.
R.
Cualquier cosa que yo mismo piense que soy no es lo que soy, es tan sólo un pensamiento sobre lo que soy, sobre mis apariencias de ser.
Y mientras que un pensamiento, una etiqueta, es algo estático, congelado, muerto, lo que sea que yo soy es algo vivo, se mueve, cambia de momento a momento, sin dejar por ello de ser si mismo.
Pero eso que esencialmente soy, no es definible, objetivable, pensable.
El pensamiento sólo puede señalarlo, no describirlo.
Pues el pensamiento no procede del ser, sino del mundo.
Es foráneo, es exterior, extranjero a nuestro ser, a lo que somos esencialmente.
Es adquirido.
Dado a nosotros por la sociedad, la cultura, por el mundo tal cual este era en el momento de nuestra aparición en escena.
El pensamiento es la resultante del conocimiento y la experiencia de la humanidad, o sea, de los que vivieron antes que yo.
Habla, en todo caso, de como ellos percibieron el mundo, no de mi.
Habla en realidad, de un concenso sobre lo que es; concenso del cual los que me enseñaron "como es el mundo" participaron de él.
Pero el pensamiento, ningún pensamiento es mío.
Mío, propio de mi-ser.
Inherente a mi ser.
Ningún pensamiento puede abarcar, contener, o rozar siquiera aquello que soy.
Lo que pueden, más o menos ser señaladas por el pensamiento, son las apariencias que las particularidades de ser toman en un momento dado al manifestarse.
Como por ejemplo, que hoy de mañana tenía ganas de caminar, y que por la tarde tenía ganas de echarme a dormir.
Pero eso no quiere decir que soy-enérgico, ni que soy-perezoso.
Así mismo, puedo ser calificado según mi color de piel, el país de nacimiento de este cuerpo, el idioma que hablo, la filiación política, el club de fútbol al cual tengo particular simpatía, las particularidades culturales de la sociedad del lugar donde habitualmente resido, la profesión con la cual gano mi sustendo, la clase social dentro de la cual soy enmarcado por algún sociólogo, el clán social en el cual nací, la religión dominante en la región que habito, o cualquier otra característica de la historia personal.
Todo ello, sin duda, constituye el material que puede efectívamente ser señalado por el pensamiento.
Así mismo, todos aquellos hábitos o elementos más o menos constantes en mi vida.
Pero aún así, nada de eso dice lo que soy.
Todas esas cosas que el pensamiento señala son las apariencias que esta vida que soy toma en un momento determinado, y nada más.
En otras palabras, son todas características superficiales.
Y son por supuesto, las que nos distinguen, las que nos diferencian unos de otros.
Pero lo que en esencia soy, o somos, ¿puede ser pensado?
¿Puede el pensamiento, que es el resultado del tiempo, la experiencia, la memoria, y por lo tanto el conocimiento limitado, aún por más amplio que este conocimiento puedira ser, puede el pensamiento tocar aquello que no se repite, que está vivo, que palpita y se manifiesta de modo único e irrepetible en cada quien en cada momento de la vida?
¿Puede el archivo de lo muerto, de la memoria, contactar con aquello que está vivo, siendo en este momento de un modo que jamás antes fue? ¿de un modo que no está registrado en la memoria?
Algunos pretenden describir los estados interiores por los cuales atravesamos habitualmente, y confunden esto con ser un "yo", estático, imaginariamente permanente, constante, contínuo, al cual los estados le ocurren "a él".
Y esa es en sí la más grande mentira, la más grande falacia del pensamiento.
La de que "yo" y "lo mío", o sea "yo" y "mis estados", somos dos cosas distintas y separadas.
No hay tal cosa como "yo" y "la ira", "yo que soy pacífico" y "la ira que me atacó en un momento".
"La ira", soy en realidad, yo.
Soy yo sintiéndome así a mi.
No "yo que tengo ira", no "yo y mi ira": yo soy la ira.
No como un concepto estático sobre "yo".
Sino que interiormente, no hay jamás diferencia o separación entre uno mismo,y la cualidad o el sentimiento de como uno siente en el momento en que uno se está observando ser.
Ése es el falso conflicto, creado, alimentado y sostenido por el pensamiento.
El de que "yo" y "mis sentimientos" somos dos cosas distintas, y "yo" debo "hacer algo" con ellos.
Esto es una conciencia dividida contra si misma.
Una conciencia fragmentada por la acción "etiquetante" del pensamiento.
Y el resultado es una vida de conflicto, indignidad, y desgracia.
De falta de integridad, de regateo interior por ser y esperanza de algún día llegar a ser; una vida de una constante miseria interior.
Como la etiqueta "yo" y la etiqueta "tal sentimiento" son distintas y conceptualmente (o sea en fantasía) mutuamente excluyentes, el cerebro asume que "yo" y "mis sentimientos" somos dos cosas distintas y separadas.
Observar en uno el absurdo, la falsedad de semejante propuesta, es el fin absoluto del conflicto en uno.
El fin de la división, de la fragmentación.
Y dichos sentimientos, cualesquiera que estos sean, no son jamás la propiedad particular de un ser, sino que son comunes a todo el género humano.
No son por tanto, características únicas, como para poder tazar en base a ellas una distinción y decir que "yo soy alguien que siente tristeza", y por tanto soy distinto de X "que es alguien que siente rabia".
Todos los seres humanos somos, esencialmente, lo mismo.
Las diferencias son totalmente superficiales.
Cada uno de nosotros es, esencialmente, la misma humanidad; la única humanidad.
O sea que interiormente no sólo no soy separable de como sea que me sienta, y ello está vivo, está cambiando de momento en momento, sino que además, no soy esencialmente distinguible o separable de ningún otro ser humano que exista, o haya existido, o pueda llegar a existir jamás.
Interiormente, no soy un individuo separado.
O más aún, no soy un individuo, no existe interiormente tal cosa.
Interiormente, NO SOY DISTINTO DE NADIE.
Todas las diferencias, todo lo que el pensamiento puede señalar en uno como distinto de otro, no son más que características superficiales.
Pensamiento que es la forma que el ser humano ha creado para medir, cuantificar, direnciar, designar, y así comunicarse.
Pensamiento que es de hechura humana.
Como todos los conceptos creados por el pensar.
Pero lo que soy no es un concepto; no se deja atrapar en la red del pensar.
Y no es de hechura humana.
No hay ningún pensamiento o etiqueta que sea particularmente "mío", propio de mi ser, de mi esencia.
El pensamiento no puede jamás decirme quien soy, ni que o quien es nadie.
El pensamiento sólo puede hablar de lo superficial, de la apariencia.
No del ser.
El pensamiento, aplicado a lo interno, sólo es fuente de confusión, de conflicto, de división, de fragmenteación.
Y no es por tanto la herramienta que podrá ayudarme a "lidiar" conmigo, ni con mis relaciones o problemas vivos, humanos.
El pensamiento no es la herramienta para lidiar con lo interior.
Sólo la observación sin la interferencia del pensamiento conceptual, el lúcido sentir de la vida en uno, es el único medio válido para vivir verdaderamente.
No soy jamás distindo de como sea que me sienta.
No soy distinto de nadie.
Ningún pensamiento es "mío".
Nunca podrá el pensamiento decirme quien son ni quien es nadie; jamás.
Darse cuenta de esto, es estar más allá del pensamiento.
R.
martes, 28 de diciembre de 2010
Sobre esta piedra.
¿Hay algo espiritual aparte de ser?
¿Hay alguna verdad aparte de ser?
¿Hay algo sagrado aparte de ser?
¿Hay algo que buscar para ser?
¿Hay alguien aparte de ser?
¿Hay algún despertar aparte de ser?
¿Hay alguna iluminación aparte de ser?
¿Hay algún conocimiento necesario para ser?
¿Hay alguna liberación aparte de ser?
¿Hay alguna lucidez aparte de ser?
¿Hay alguna seguridad aparte de ser?
¿Hay alguna pertenencia aparte de ser?
¿Hay algo que hacer aparte de ser?
¿Hay alguna gracia aparte de ser?
¿Hay algún milagro aparte de ser?
Aparte del simple sentido de ser, aparte de ese sólo ser, ¿puede existir algo más?
¿Puede existir algo que no fundamente o base su existencia apartente y transitoria, en el inmodificable e indestructible sentido de ser?
¿Puede algo ser , sin el sentido de ser?
Nadie parece prestar atención a sólo ser.
Les parece insignificante, carente de gracia o poca cosa sólo ser.
De tan cercano, de tan obvio, de tan elemental, pasa inadvertido, como inadvertida pasa su capital importancia.
Sin embargo, sólo ser es atemporal, inmodificable, incorruptible, indestructible.
Sólo ser es anterior a todo y posterior a todo.
Es el verdadero alfa y omega de todo cuanto pueda existir.
Todos los incontables mundos y universos, todos, reposan y deben su temporal existencia al sólo ser en el cual todos reposan.
Ello es, cómo dijera el poeta, más cercano a ti que tu propia respiración.
Despreciado por todos, sobre él se fundamenta la vida, la conciencia, todo.
Sin sentido de ser, sin sólo ser como base, nada, absolutamente nada existe ni podría jamás existir.
Él es la piedra que todos desprecian, "y he aquí que la piedra que todos desprecian ha venido a ser piedra de tropiezo".
Esta es la verdadera piedra fundamental sobre la cual se apoya todo el edificio del templo de la existencia y la conciencia de ser.
Sobre esta piedra edificaré mi iglesia, la "iglesia" que es mi existir.
R.
¿Hay alguna verdad aparte de ser?
¿Hay algo sagrado aparte de ser?
¿Hay algo que buscar para ser?
¿Hay alguien aparte de ser?
¿Hay algún despertar aparte de ser?
¿Hay alguna iluminación aparte de ser?
¿Hay algún conocimiento necesario para ser?
¿Hay alguna liberación aparte de ser?
¿Hay alguna lucidez aparte de ser?
¿Hay alguna seguridad aparte de ser?
¿Hay alguna pertenencia aparte de ser?
¿Hay algo que hacer aparte de ser?
¿Hay alguna gracia aparte de ser?
¿Hay algún milagro aparte de ser?
Aparte del simple sentido de ser, aparte de ese sólo ser, ¿puede existir algo más?
¿Puede existir algo que no fundamente o base su existencia apartente y transitoria, en el inmodificable e indestructible sentido de ser?
¿Puede algo ser , sin el sentido de ser?
Nadie parece prestar atención a sólo ser.
Les parece insignificante, carente de gracia o poca cosa sólo ser.
De tan cercano, de tan obvio, de tan elemental, pasa inadvertido, como inadvertida pasa su capital importancia.
Sin embargo, sólo ser es atemporal, inmodificable, incorruptible, indestructible.
Sólo ser es anterior a todo y posterior a todo.
Es el verdadero alfa y omega de todo cuanto pueda existir.
Todos los incontables mundos y universos, todos, reposan y deben su temporal existencia al sólo ser en el cual todos reposan.
Ello es, cómo dijera el poeta, más cercano a ti que tu propia respiración.
Despreciado por todos, sobre él se fundamenta la vida, la conciencia, todo.
Sin sentido de ser, sin sólo ser como base, nada, absolutamente nada existe ni podría jamás existir.
Él es la piedra que todos desprecian, "y he aquí que la piedra que todos desprecian ha venido a ser piedra de tropiezo".
Esta es la verdadera piedra fundamental sobre la cual se apoya todo el edificio del templo de la existencia y la conciencia de ser.
Sobre esta piedra edificaré mi iglesia, la "iglesia" que es mi existir.
R.
lunes, 27 de diciembre de 2010
Reposa en simplemente ser.
Al filo del despertar y del dormir, en el borde entre en sueño y la vigilia, en esa raja entre dos mundos que son el atardecer y el amanecer de nuestro propio día, es posible observar como surge o se apaga en nosotros, justamente aquello que en realidad no somos.
Si se presta atención, si se observa sin pre-juicios ni pre-conceptos de ningún tipo, el proceso se enrarece, se enlentece de modo tal, que se puede observar lo que realmente sucede.
Es así que, observando, vemos como por la mañana, antes de "estar totalmente despiertos", una "sensación" o sentido de "particular conciencia" comienza a despertar o emerger.
Esa conciencia que es el precursor de la vigilia, y que luego pensando al respecto, asumimos que somos nosotros.
Sin embargo, si prestamos atención con insistencia y detenimiento, vamos a advertir un detalle no menor, y éste es: si nosotros somos esa conciencia que está emergiendo, ¿quién es el que está observando a esa conciencia emerger o despertar?
¿Quién o qué cosa es eso sensible, en lo cual ese despertar de esa "conciencia particular de ser" tiene lugar?
Si seguimos observando, veremos como dicha conciencia-atención se mueve o "avanza" en una "dirección" particular; en dirección al cerebro.
O sea, en dirección al pensamiento, y por consiguiente, hacia el mundo de los sentidos, de donde el pensar toma su contenido básico.
Es así como sentimos que comienzan a aparecer pensamientos en esa conciencia, pensamientos como "estoy despertando", etc.
Y a continuación, vemos como los sentidos del cuerpo se abren hacia el exterior, siguiendo la misma dirección que el movimiento de la atención venía haciendo, siendo arrastrados por este movimiento, por esta dirección "hacia afuera", hacia "el mundo objetivo".
Llegado a este punto, el cerebro declara: "estoy despierto", refiriéndose a uno.
¿Pero es real, es cierto que yo he despertado?
Si yo soy la conciencia de la vigilia, ¿dónde quedo yo cuando el cuerpo y sus sentidos entran en reposo, y así también el cerebro, que deja de soñar en el dormir profundo?
Pues lo que llamamos "conciencia de vigilia" no es más que la atención, esa "conciencia particular de si" atendiéndo "hacia afuera" a través de el pensar y los sentidos.
Lo que llamamos dormir con sueños, es la atención alumbrando los contenidos cerebrales, luego de la entrada en total reposo de lo sentidos, luego de un cierto "retroceso" o introversión de la atención.
Y el dormir sin sueños, o sueño profundo sin sueños, es tanto el cese de los sentidos, como de cualquier movimiento del cerebro-pensamiento; dormir en el cual sólo hay esa "conciencia", pero ahora no asociada, ni a los sentidos ni al pensamiento.
Y más "hacia atrás", más "hacia adentro" aún: eso; eso mismo que se daba cuenta del emerger en su ser de la conciencia, y que ahora se da cuenta de que está habiendo sueño sin sueños.
De forma tal que al despertar, sin saber cómo, podremos igualmente decir con toda certeza que "dormí tan profundo que no soñé nada".
O que "primero soñé, pero después me dormí mucho más profundo hasta ahora que desperté".
¿Qué es eso que se da cuenta, tanto del emerger y moverse de la conciencia-atención hacia afuera, como del movimiento e inmersión de la conciencia-atención hacia adentro?
¿En dónde sucede todo ese drama?
¿En quién?
Exácto!!!
Respuésta correcta!
En uno mismo.
En el si-mismo.
O dicho de otro modo, en el simple y natural sentido de ser.
El sentido inherente a todo lo sensiente, a todo lo vivo.
La natural "sensación" de ser de todo lo que es.
Ese sentido de si, ese si-mismo que es la identidad una y última de todo lo que es.
Más allá aún de la conciencia de si, que emerge en el si mismo que uno es.
Anterior a dicha conciencia.
En eso que es la "base" absoluta que debe estar presente primero, para que cualquier otra cosa o cualidad pueda emerger en ella.
Eso es el sentido de ser.
Y la atención en ello es lo que nos "otorga" la natural conciencia de ser el ser.
De ser el si-mismo dándose cuenta de ser el si-mismo.
De hecho, por la mañana, es "la conciencia corporal" la que despierta en nosotros, y no al revés.
Y por la noche es esta misma conciencia la que se sumerge en su orígen, o sea, en el sólo y simple sentido de ser.
Así, lo que durante el día opera "en el mundo", por la noche, durante el sueño profundo, descansa en la fuente, en su propio orígen.
Durante el día, todo lo que ocurre en esta conciencia vigílica, ocurre en realidad en nosotros, en nuestro sentido de ser como espacio o contenedor de la conciencia y su percepción.
Pero ocurre en-nosotros; no "a" nosotros.
Pues nada de lo que ha ocurrido, ocurre, ni de lo que ocurrirá, modificó ni modifica jamás ese esencial sentido de ser.
Nada.
Todo nuesto drama humano, nuestros problemas y conflictos, nuestros pesares y sufrimientos, son la resultante de una exagerada extroversión de la atención, de una focalización de la atención en algo de lo que está sucediéndo en mi como un todo.
En una percepción objetiva, o en un sentimiento, pensamiento o sensación que estoy teniéndo.
La atención se focaliza tanto en un fragmento que se "olvida" de su orígen: el todo; o sea, el natural y siempre sensiente sentido de ser.
Me confundo a mi mismo con la imágen de mi, sugerida por otros, o creada por mi al pensarme.
Asumo ser el que los demás creen que soy.
O en el mejor de los casos, el que yo creo que soy.
Pero ambos personajes son tan sólo una creación del cerebro, que el mismo cerebro recupera de la memoria por la mañana, con el despertar de la conciencia corporal.
¿Y sin asociarme mentalmente ni con quien los demás creen que soy, ni con quien yo mismo he creído ser?
¿QUÉ SOY POR MI MISMO?
La atención-conciencia-de-si es la posibilidad que tiene el ser humano como expresión particular de la vida, de tomar conciencia de ser el ser, o el si-mismo, lo que es lo mismo (valga la redundancia!).
Y todo el drama, todo el sufrimiento y el conflicto se asientan en nosotros cuando nos identificamos, cuando nos confundimos con el personaje mental "al que le suceden las cosas", y dejamos así de darnos cuanta de ser ese "en" quien suceden las cosas, en quien las cosas pasan sin pasarle, sin modificarle a él.
Nuestra atención, nuestra conciencia de si, se queda atrapada en la representación mental de quien los demás o yo creo ser, en vez de reposar en el simple sentido de ser.
Ese sentido de ser que se mantiene siempre incambiable y evidentemente no implicado en lo que sea que suceda, no condicionado por lo que sea que suceda.
Ese sentido de ser que "nos viene dado", pues es nuestra verdadera naturaleza original, atemporal e inmutable.
Ese que es "antes de que Abraham fuera".
Antes de que todo y lo que sea fuera; y también en medio, y después de que nada ya siga siendo.
Ese desde el cual, al reposar nuestra atención en él, reconocemos inmediatamente como nuesta verdadera naturaleza, como nuestro hogar, del cual en realidad nunca hemos partido.
Ese hogar desde el cual, reposando en la certeza de su inamovilidad, podemos "estar en el mundo sin ser del mundo"; ya que nuestro sentido de ser no es la identidad pasajera y formal concedida a nosotros en base al cuerpo; sino que procede de un "lugar más allá" del mundo.
De ese "lugar" que el pasaje del tiempo y la corrupción no pueden tocar.
De ese "reino" que no es "de este mundo" (que no participa de la naturaleza de lo formal-aparente-transitorio).
Ese reino está en ti; ese reino éres tú mismo.
Y para encontrarlo tan sólo es necesario dejar de buscar (que es dirigir la atención "hacia afuera" del propio sentido de ser).
Reposa en simplemente ser.
R.
Si se presta atención, si se observa sin pre-juicios ni pre-conceptos de ningún tipo, el proceso se enrarece, se enlentece de modo tal, que se puede observar lo que realmente sucede.
Es así que, observando, vemos como por la mañana, antes de "estar totalmente despiertos", una "sensación" o sentido de "particular conciencia" comienza a despertar o emerger.
Esa conciencia que es el precursor de la vigilia, y que luego pensando al respecto, asumimos que somos nosotros.
Sin embargo, si prestamos atención con insistencia y detenimiento, vamos a advertir un detalle no menor, y éste es: si nosotros somos esa conciencia que está emergiendo, ¿quién es el que está observando a esa conciencia emerger o despertar?
¿Quién o qué cosa es eso sensible, en lo cual ese despertar de esa "conciencia particular de ser" tiene lugar?
Si seguimos observando, veremos como dicha conciencia-atención se mueve o "avanza" en una "dirección" particular; en dirección al cerebro.
O sea, en dirección al pensamiento, y por consiguiente, hacia el mundo de los sentidos, de donde el pensar toma su contenido básico.
Es así como sentimos que comienzan a aparecer pensamientos en esa conciencia, pensamientos como "estoy despertando", etc.
Y a continuación, vemos como los sentidos del cuerpo se abren hacia el exterior, siguiendo la misma dirección que el movimiento de la atención venía haciendo, siendo arrastrados por este movimiento, por esta dirección "hacia afuera", hacia "el mundo objetivo".
Llegado a este punto, el cerebro declara: "estoy despierto", refiriéndose a uno.
¿Pero es real, es cierto que yo he despertado?
Si yo soy la conciencia de la vigilia, ¿dónde quedo yo cuando el cuerpo y sus sentidos entran en reposo, y así también el cerebro, que deja de soñar en el dormir profundo?
Pues lo que llamamos "conciencia de vigilia" no es más que la atención, esa "conciencia particular de si" atendiéndo "hacia afuera" a través de el pensar y los sentidos.
Lo que llamamos dormir con sueños, es la atención alumbrando los contenidos cerebrales, luego de la entrada en total reposo de lo sentidos, luego de un cierto "retroceso" o introversión de la atención.
Y el dormir sin sueños, o sueño profundo sin sueños, es tanto el cese de los sentidos, como de cualquier movimiento del cerebro-pensamiento; dormir en el cual sólo hay esa "conciencia", pero ahora no asociada, ni a los sentidos ni al pensamiento.
Y más "hacia atrás", más "hacia adentro" aún: eso; eso mismo que se daba cuenta del emerger en su ser de la conciencia, y que ahora se da cuenta de que está habiendo sueño sin sueños.
De forma tal que al despertar, sin saber cómo, podremos igualmente decir con toda certeza que "dormí tan profundo que no soñé nada".
O que "primero soñé, pero después me dormí mucho más profundo hasta ahora que desperté".
¿Qué es eso que se da cuenta, tanto del emerger y moverse de la conciencia-atención hacia afuera, como del movimiento e inmersión de la conciencia-atención hacia adentro?
¿En dónde sucede todo ese drama?
¿En quién?
Exácto!!!
Respuésta correcta!
En uno mismo.
En el si-mismo.
O dicho de otro modo, en el simple y natural sentido de ser.
El sentido inherente a todo lo sensiente, a todo lo vivo.
La natural "sensación" de ser de todo lo que es.
Ese sentido de si, ese si-mismo que es la identidad una y última de todo lo que es.
Más allá aún de la conciencia de si, que emerge en el si mismo que uno es.
Anterior a dicha conciencia.
En eso que es la "base" absoluta que debe estar presente primero, para que cualquier otra cosa o cualidad pueda emerger en ella.
Eso es el sentido de ser.
Y la atención en ello es lo que nos "otorga" la natural conciencia de ser el ser.
De ser el si-mismo dándose cuenta de ser el si-mismo.
De hecho, por la mañana, es "la conciencia corporal" la que despierta en nosotros, y no al revés.
Y por la noche es esta misma conciencia la que se sumerge en su orígen, o sea, en el sólo y simple sentido de ser.
Así, lo que durante el día opera "en el mundo", por la noche, durante el sueño profundo, descansa en la fuente, en su propio orígen.
Durante el día, todo lo que ocurre en esta conciencia vigílica, ocurre en realidad en nosotros, en nuestro sentido de ser como espacio o contenedor de la conciencia y su percepción.
Pero ocurre en-nosotros; no "a" nosotros.
Pues nada de lo que ha ocurrido, ocurre, ni de lo que ocurrirá, modificó ni modifica jamás ese esencial sentido de ser.
Nada.
Todo nuesto drama humano, nuestros problemas y conflictos, nuestros pesares y sufrimientos, son la resultante de una exagerada extroversión de la atención, de una focalización de la atención en algo de lo que está sucediéndo en mi como un todo.
En una percepción objetiva, o en un sentimiento, pensamiento o sensación que estoy teniéndo.
La atención se focaliza tanto en un fragmento que se "olvida" de su orígen: el todo; o sea, el natural y siempre sensiente sentido de ser.
Me confundo a mi mismo con la imágen de mi, sugerida por otros, o creada por mi al pensarme.
Asumo ser el que los demás creen que soy.
O en el mejor de los casos, el que yo creo que soy.
Pero ambos personajes son tan sólo una creación del cerebro, que el mismo cerebro recupera de la memoria por la mañana, con el despertar de la conciencia corporal.
¿Y sin asociarme mentalmente ni con quien los demás creen que soy, ni con quien yo mismo he creído ser?
¿QUÉ SOY POR MI MISMO?
La atención-conciencia-de-si es la posibilidad que tiene el ser humano como expresión particular de la vida, de tomar conciencia de ser el ser, o el si-mismo, lo que es lo mismo (valga la redundancia!).
Y todo el drama, todo el sufrimiento y el conflicto se asientan en nosotros cuando nos identificamos, cuando nos confundimos con el personaje mental "al que le suceden las cosas", y dejamos así de darnos cuanta de ser ese "en" quien suceden las cosas, en quien las cosas pasan sin pasarle, sin modificarle a él.
Nuestra atención, nuestra conciencia de si, se queda atrapada en la representación mental de quien los demás o yo creo ser, en vez de reposar en el simple sentido de ser.
Ese sentido de ser que se mantiene siempre incambiable y evidentemente no implicado en lo que sea que suceda, no condicionado por lo que sea que suceda.
Ese sentido de ser que "nos viene dado", pues es nuestra verdadera naturaleza original, atemporal e inmutable.
Ese que es "antes de que Abraham fuera".
Antes de que todo y lo que sea fuera; y también en medio, y después de que nada ya siga siendo.
Ese desde el cual, al reposar nuestra atención en él, reconocemos inmediatamente como nuesta verdadera naturaleza, como nuestro hogar, del cual en realidad nunca hemos partido.
Ese hogar desde el cual, reposando en la certeza de su inamovilidad, podemos "estar en el mundo sin ser del mundo"; ya que nuestro sentido de ser no es la identidad pasajera y formal concedida a nosotros en base al cuerpo; sino que procede de un "lugar más allá" del mundo.
De ese "lugar" que el pasaje del tiempo y la corrupción no pueden tocar.
De ese "reino" que no es "de este mundo" (que no participa de la naturaleza de lo formal-aparente-transitorio).
Ese reino está en ti; ese reino éres tú mismo.
Y para encontrarlo tan sólo es necesario dejar de buscar (que es dirigir la atención "hacia afuera" del propio sentido de ser).
Reposa en simplemente ser.
R.
miércoles, 8 de diciembre de 2010
La verdadera espiritualidad.
La espiritualidad, toda la cosa en si, su esencia, no tiene ninguna relación con la religión organizada, ni con un código de conducta, ni con ningún manual, método o técnica para llegar a ser: ser salvo, ser iluminado, ser realizado, ser sabio, ser jesús, ser buda, ser..., etc.
No tiene ninguna relación con el celibato y la neurosis por represión sexual, ni tampoco tiene relación alguna con la así llamada "vía alkímica del tantra", lo cual es un rebuscamiento un tanto patético para solteronas deprimidas y púberes sexuales, independientemente de su edad.
No guarda la más mínima relación con ninguna clase de tratamiento ritualístico, ni con secretos de ningún tipo, ya sean de los "celosamente guardados", ni de los "revelados".
Y fundamentalmente, no tiene que ver con ningún hacer humano, ya sea propio, bajo el formato de "seguidor", "buscador", "adepto", "discìpulo", "estudioso",etc; ni tampoco con el hacer de otro ser humano sobre uno, ya sea que este adopte el disfraz de "maestro", "gurù", "guía", "sacerdote", "monje", "místico", "iluminado", "despierto", "auto-realizado", etc, etc, etc.
Y por si esto fuera poco, la espiritualidad tampoco es el fruto de ninguna reflexiòn, experiencia, comprensión, insight, epifanìa, revelación, meditación, purificación, transmutación, elevación, evolución, revolución, cambio, mejora, o culminación terapéutica, etc.
Todo el meollo, la quintaesencia de lo espiritual, radica en un sólo punto, a saber: el sentido de ser.
Este sentido de ser siempre presente, aún durante el sueño profundo sin sueños.
Este sentido de ser siempre accesible para cada quien, sin importar las condiciones o el estado en que uno se encuentre.
Este sentido de ser, que asociado mentalmente a alguna condición con la cual uno se identifica, queda parcialmente "velado" tras dicha asociación mental, y en consecuencia queda velada también dentro del mismo, la alegría de vivir, el natural contento que es "parte" indisoluble de la misma esencia de existir.
Identificarse con algo, es adjudicarle mentalmente a ese algo, el ser el "contenedor" de la propia alegría de ser, de la propia plenitud de ser.
El ser no se pierde, no se puede perder, pues es uno mismo.
La alegría de ser tampoco, pues esta es inherente al ser, al existir.
Pero queda velada en la propia conciencia de ser, ahora condicionada en su expresión por las condiciones con las cuales uno mismo se auto-identificó.
Descubrir la falsedad de dichas creencias condicionantes, es recuperar nuestra verdadera conciencia de ser, nuestro real sentido de ser, nuestra naturaleza original.
Y viceversa; investigar y así darse cuenta de la verdadera naturaleza de este nuestro natural sentido de ser, es devenir des-identificado de todo lo que erróneamente, por ignorancia, habíamos asumido como verdadero de nosotros mismos hasta este momento.
De una u otra manera, nuestro sentido de ser se ve desvinculado de toda condición para ser, de toda asociación a cualidad mundana o temporal alguna del tipo que sea.
Brilla entonces lo real por su propia esencia.
Por su propia naturaleza, ilimitada, atemporal, espiritual, inexplicable.
Y ello transforma sin esfuerzo ni disciplina de ningún tipo, la total cualidad de nuestro vivir.
En esto consiste la verdadera espiritualidad.
R.
No tiene ninguna relación con el celibato y la neurosis por represión sexual, ni tampoco tiene relación alguna con la así llamada "vía alkímica del tantra", lo cual es un rebuscamiento un tanto patético para solteronas deprimidas y púberes sexuales, independientemente de su edad.
No guarda la más mínima relación con ninguna clase de tratamiento ritualístico, ni con secretos de ningún tipo, ya sean de los "celosamente guardados", ni de los "revelados".
Y fundamentalmente, no tiene que ver con ningún hacer humano, ya sea propio, bajo el formato de "seguidor", "buscador", "adepto", "discìpulo", "estudioso",etc; ni tampoco con el hacer de otro ser humano sobre uno, ya sea que este adopte el disfraz de "maestro", "gurù", "guía", "sacerdote", "monje", "místico", "iluminado", "despierto", "auto-realizado", etc, etc, etc.
Y por si esto fuera poco, la espiritualidad tampoco es el fruto de ninguna reflexiòn, experiencia, comprensión, insight, epifanìa, revelación, meditación, purificación, transmutación, elevación, evolución, revolución, cambio, mejora, o culminación terapéutica, etc.
Todo el meollo, la quintaesencia de lo espiritual, radica en un sólo punto, a saber: el sentido de ser.
Este sentido de ser siempre presente, aún durante el sueño profundo sin sueños.
Este sentido de ser siempre accesible para cada quien, sin importar las condiciones o el estado en que uno se encuentre.
Este sentido de ser, que asociado mentalmente a alguna condición con la cual uno se identifica, queda parcialmente "velado" tras dicha asociación mental, y en consecuencia queda velada también dentro del mismo, la alegría de vivir, el natural contento que es "parte" indisoluble de la misma esencia de existir.
Identificarse con algo, es adjudicarle mentalmente a ese algo, el ser el "contenedor" de la propia alegría de ser, de la propia plenitud de ser.
El ser no se pierde, no se puede perder, pues es uno mismo.
La alegría de ser tampoco, pues esta es inherente al ser, al existir.
Pero queda velada en la propia conciencia de ser, ahora condicionada en su expresión por las condiciones con las cuales uno mismo se auto-identificó.
Descubrir la falsedad de dichas creencias condicionantes, es recuperar nuestra verdadera conciencia de ser, nuestro real sentido de ser, nuestra naturaleza original.
Y viceversa; investigar y así darse cuenta de la verdadera naturaleza de este nuestro natural sentido de ser, es devenir des-identificado de todo lo que erróneamente, por ignorancia, habíamos asumido como verdadero de nosotros mismos hasta este momento.
De una u otra manera, nuestro sentido de ser se ve desvinculado de toda condición para ser, de toda asociación a cualidad mundana o temporal alguna del tipo que sea.
Brilla entonces lo real por su propia esencia.
Por su propia naturaleza, ilimitada, atemporal, espiritual, inexplicable.
Y ello transforma sin esfuerzo ni disciplina de ningún tipo, la total cualidad de nuestro vivir.
En esto consiste la verdadera espiritualidad.
R.
sábado, 20 de noviembre de 2010
Asumir es asumirse.
Sin asumirse, o lo que es lo mismo, sin asumir mi sentir en relaciòn a lo que sea, sin asumir que el que se siente asì soy yo, entonces estoy "dividido contra mi mismo".
Estoy peleado conmigo mismo, e inevitàblemente, vivo a travès de este estado; o sea, vivo peleado con la vida.
Pues lo que siento no lo vivo, y lo que vivo no lo siento.
Es un vivir sin-sentido ninguno.
Y eso es algo que, si bien es aprendido, el que se lo termina haciendo a uno, es pura y exclusivamente uno mismo.
Uno se con-vence, se vence a si mismo con argumentos, con creencias con las cuales suplanta su sentir original, hasta imponerse sobre el propio corazòn.
Lo que queda es el personaje.
O sea, uno mismo pretendièndo que no es uno mismo, que no siente como siente, tratando de convencerse a cada momento de que es alguien que no es, y de que siente de un modo que no lo hace.
Hacer esto no es solamente falsificarme, sino dedicarme a atrofiarme interiormente, a paralizar cada vez màs mi sensibilidad ùnica que es mi misma naturaleza e identidad original.
Es sentirme cada dìa un poco menos vivo.
Y sin comumiòn en uno, no se puede ni se podrà jamàs tener comuniòn con nada ni con nadie fuera de uno, nunca.
Lo que resta es sobrevivir, negociando, esforzàndose, luchando, en eterno conflicto, hasta agotar todas nuestras fuerzas vitales en el charco del hastìo sin sentido.
En lo que a cada uno respecta, uno y sòlo uno mismo es, a un mismo tiempo, el victimario de si mismo y su propia vìctima.
Sòlo uno es el responsable, nadie màs; los demàs, partìcipes de la misma situaciòn interior, son tan sòlo còmplices.
Como decìa C, "los egos se ayudan para hacerse la vida imposible".
No asumir lo que siento, como siento en relaciòn a lo que o quien sea, es siempre, no asumirme a mi mismo tal y cual soy.
Los sentimientos y estados, soy yo vibrando de un particular modo, en relaciòn a algo, pero ese sentimiento siempre soy yo; soy yo sintièndome asì!!!
El sentimiento, proceda de un estìmulo externo o interno, es siempre yo sintièndome asì o asà.
El sentimiento no pertenece al objeto que lo despierta ni està contenido en èl.
Y resistirme a sentirme como me siento, no altera, ni modifica para nada, al objeto real que despierta en mi tal o cual sentimiento; me restringe a mi, no a la realidad.
Eso es malestar: no asumir como me siento, como vibro en ralaciòn a, como soy siendo frente a...
Tampoco el resistirse cambia lo que cada uno es; seguimos siendo lo que sea que seamos, como sea que seamos, pero sin permitirnos sentirnos plenamente como somos, sin vivirnos plenamente.
Esto es in-completitud, no-plenitud, CARENCIA.
Carencia no es que me falte algo en mi como integralidad, como totalidad que soy, sino no sentirme, no vivenciarme plenamente.
Es un estado interior que me auto-infrinjo.
Y por tanto, en tanto no me asuma tal y como soy, nada externo que consiga retener o alejar de mi, puede ni podrà jamàs cambiar esta situaciòn interior de la cual soy el creador, mantenedor, y en la cual resido.
Nadie, ningùn Jesùs, ningùn Buda, ningùn Krishna, ningùn Mahoma o Alà pueden ni podràn jamàs cambiar eso.
Ni mucho menos algùn Freud, Jung, o el profeta de turno en nuestras vidas.
El ùnico que puede es uno mismo.
Y la ùnica salida de esta trampa, es rendirse, aceptarse, admitirse, dejar de resistirse; o sea: asumirse.
Como sea que sea que uno se sienta.
Al asumirse hay comuniòn, y al haber comuniòn no hay màs malestar.
Asumirme, sin crear ninguna otra imàgen o estructura mental para emplearla en lugar de mi sensibilidad natural y espontànea.
Ninguna estructura en relaciòn a "como deberìa ser".
Nunca màs.
Ningùn cuento màs, ni siquiera una historia sobre ser especial, etc, etc.
Nada.
Ningùn personaje màs con el cual cargar.
Aùn si este asumirse, se diera en el ùltimo instante de nuestra vida, aùn asì, aùn en ese momento, sentirìamos lo que es ser en comuniòn con la vida toda.
No sòlo serìamos en comuniòn con la VIDA como de hecho siempre lo hemos sido, sino que ademàs tambièn lo estarìamos; o sea, nos sentirìamos serlo.
Pues en todo momento hemos sido y somos el SER siempre siendo, asumièndonos, o no.
Sin jamàs dejar de serlo.
Siempre hemos sido la VIDA, siendo asì, tal cual somos.
Cada ser es la VIDA UNA con-forma-da.
Es la encarnaciòn de la VIDA UNA.
Manifestàndose ùnica en cada quien.
Cada uno es LA VIDA UNA, CAMINANDO, al ritmo de su VERDADero sentir en cada quien.
Cada quien es EL CAMINO, LA VERDAD, Y LA VIDA.
Y jamàs lo ha dejado ni lo dejarà de ser.
Asumirlo o no, he aquì la cuestiòn.
R.
Estoy peleado conmigo mismo, e inevitàblemente, vivo a travès de este estado; o sea, vivo peleado con la vida.
Pues lo que siento no lo vivo, y lo que vivo no lo siento.
Es un vivir sin-sentido ninguno.
Y eso es algo que, si bien es aprendido, el que se lo termina haciendo a uno, es pura y exclusivamente uno mismo.
Uno se con-vence, se vence a si mismo con argumentos, con creencias con las cuales suplanta su sentir original, hasta imponerse sobre el propio corazòn.
Lo que queda es el personaje.
O sea, uno mismo pretendièndo que no es uno mismo, que no siente como siente, tratando de convencerse a cada momento de que es alguien que no es, y de que siente de un modo que no lo hace.
Hacer esto no es solamente falsificarme, sino dedicarme a atrofiarme interiormente, a paralizar cada vez màs mi sensibilidad ùnica que es mi misma naturaleza e identidad original.
Es sentirme cada dìa un poco menos vivo.
Y sin comumiòn en uno, no se puede ni se podrà jamàs tener comuniòn con nada ni con nadie fuera de uno, nunca.
Lo que resta es sobrevivir, negociando, esforzàndose, luchando, en eterno conflicto, hasta agotar todas nuestras fuerzas vitales en el charco del hastìo sin sentido.
En lo que a cada uno respecta, uno y sòlo uno mismo es, a un mismo tiempo, el victimario de si mismo y su propia vìctima.
Sòlo uno es el responsable, nadie màs; los demàs, partìcipes de la misma situaciòn interior, son tan sòlo còmplices.
Como decìa C, "los egos se ayudan para hacerse la vida imposible".
No asumir lo que siento, como siento en relaciòn a lo que o quien sea, es siempre, no asumirme a mi mismo tal y cual soy.
Los sentimientos y estados, soy yo vibrando de un particular modo, en relaciòn a algo, pero ese sentimiento siempre soy yo; soy yo sintièndome asì!!!
El sentimiento, proceda de un estìmulo externo o interno, es siempre yo sintièndome asì o asà.
El sentimiento no pertenece al objeto que lo despierta ni està contenido en èl.
Y resistirme a sentirme como me siento, no altera, ni modifica para nada, al objeto real que despierta en mi tal o cual sentimiento; me restringe a mi, no a la realidad.
Eso es malestar: no asumir como me siento, como vibro en ralaciòn a, como soy siendo frente a...
Tampoco el resistirse cambia lo que cada uno es; seguimos siendo lo que sea que seamos, como sea que seamos, pero sin permitirnos sentirnos plenamente como somos, sin vivirnos plenamente.
Esto es in-completitud, no-plenitud, CARENCIA.
Carencia no es que me falte algo en mi como integralidad, como totalidad que soy, sino no sentirme, no vivenciarme plenamente.
Es un estado interior que me auto-infrinjo.
Y por tanto, en tanto no me asuma tal y como soy, nada externo que consiga retener o alejar de mi, puede ni podrà jamàs cambiar esta situaciòn interior de la cual soy el creador, mantenedor, y en la cual resido.
Nadie, ningùn Jesùs, ningùn Buda, ningùn Krishna, ningùn Mahoma o Alà pueden ni podràn jamàs cambiar eso.
Ni mucho menos algùn Freud, Jung, o el profeta de turno en nuestras vidas.
El ùnico que puede es uno mismo.
Y la ùnica salida de esta trampa, es rendirse, aceptarse, admitirse, dejar de resistirse; o sea: asumirse.
Como sea que sea que uno se sienta.
Al asumirse hay comuniòn, y al haber comuniòn no hay màs malestar.
Asumirme, sin crear ninguna otra imàgen o estructura mental para emplearla en lugar de mi sensibilidad natural y espontànea.
Ninguna estructura en relaciòn a "como deberìa ser".
Nunca màs.
Ningùn cuento màs, ni siquiera una historia sobre ser especial, etc, etc.
Nada.
Ningùn personaje màs con el cual cargar.
Aùn si este asumirse, se diera en el ùltimo instante de nuestra vida, aùn asì, aùn en ese momento, sentirìamos lo que es ser en comuniòn con la vida toda.
No sòlo serìamos en comuniòn con la VIDA como de hecho siempre lo hemos sido, sino que ademàs tambièn lo estarìamos; o sea, nos sentirìamos serlo.
Pues en todo momento hemos sido y somos el SER siempre siendo, asumièndonos, o no.
Sin jamàs dejar de serlo.
Siempre hemos sido la VIDA, siendo asì, tal cual somos.
Cada ser es la VIDA UNA con-forma-da.
Es la encarnaciòn de la VIDA UNA.
Manifestàndose ùnica en cada quien.
Cada uno es LA VIDA UNA, CAMINANDO, al ritmo de su VERDADero sentir en cada quien.
Cada quien es EL CAMINO, LA VERDAD, Y LA VIDA.
Y jamàs lo ha dejado ni lo dejarà de ser.
Asumirlo o no, he aquì la cuestiòn.
R.
jueves, 11 de noviembre de 2010
In-comparable-mente.
Esa es, en los hechos, en la vivencia, la esencia de su ser.
Usted es incomparable.
Aùn para usted mismo/a.
Usted es ùnico/a.
Ùnico/a en su sentir, en su forma-de-ser, en su existir; en su "viaje", en su tour por esta temporalidad que es el escenario del universo.
Y no asumirlo, no asumirse, es la raìz de todas las desgracias.
Pues usted es la gracia de la vida floreciendo en forma de particularidad, como usted.
Negarse es negarla.
No asumirse es poner en duda la propia incomparabilidad.
¿Còmo?
Comparàndose.
Lo mismo que una vez que hacemos con nosotros mismos, se lo hacemos a todos los demàs incomparables.
Lo mismo que nos hicieron a nosotros en nuestra màs tierna infancia, y que luego nosotros aprendimos a hacernos de por vida.
Comparase es violentarse en lo màs ìntimo, en nuestro sentido de integridad particular.
Es violentar nuestra incomparabilidad.
Compararse con una imàgen de otro, de algùn hèroe, de algùn ìdolo, con la imàgen de como fui, o de como creo que "deberìa ser".
Compararse es comparar este momento, que es como es y en el cual soy como soy, con "otro" momento que sòlo existe ahora en mi imaginaciòn.
Pues este es el ùnico momento, y èste es el ùnico que soy.
Comparar este momento es compararme a mi tal cual soy en este momento, con
una idea de como en este momento deberìa sentirme.
Y es de esa comparaciòn donde nace en nosotros el sentimiento de inadecuaciòn, de separaciòn respecto de la gracia de la vida, la gracia del momento.
Nace en uno el sentimiento y la nociòn mental de que "debe haber algo malo conmigo, algo malo en mi", algo que no està del todo bien conmigo, algo rechazable, mejorable, perfeccionable.
Algo que no es como "deberìa" ser.
Por eso es por lo que, cualquier idea de progresiòn interna, de "mejoramiento", de "perfeccionamiento de si", de "purificaciòn", etc, lleva en si el gèrmen del rechazo hacia uno mismo, de la no-aceptaciòn de si mismo, de la no-admisiòn de si mismo, de la violencia contra si mismo, de la des-integraciòn de si mismo; del propio desamor mismo.
Y mientras esto subsista en nuestro interior, la "carencia" que ello provoca, el sentimiento de separaciòn e inadecuaciòn, etc, jamàs podrà subsanarse mediante la adquisiciòn o experiencia de ninguna cosa ni ningùn estado; mediante ninguna tècnica, mètodo, ni "soluciòn" alguna, mediante ninguna terapia, ni mediante fàrmaco o droga alguna, ya sea de las legales/represivas, o de las ilegales/reveladoras.
Sòlo asumièndo y vivièndo en la propia incomparabilidad puede el ser florecer en integridad, en sanidad, en comuniòn con y en la vida.
Y sòlo esto es vivir.
El resto es tan sòlo imitar, tratar de llegar a ser, de encajar, negociar, luchar, esforzarse, sufrir, y malgastar el precioso e irreversible tiempo vital en el inùtil tratar de no ser como soy por llegar a ser de uno modo que no soy ni serè jamàs.
Pues esto incomparable que soy, no es el producto de algo.
No es el producto de la educaciòn, ni del pasado, ni de la genètica, ni de ningùn hacer en particular.
No es el producto de ser de tal o cual nacionalidad, ni de vivir asì o asà, ni de alimentarse con, o de vestir... o de trabajar... o de no trabajar... o de desvestir...
Esto es anterior aùn a que como ser humano pudiera decir "a".
Ya en la vida fetal, en el mismo comportamiento celular del embriòn, del òvulo fecundado, la chispa de la particularidad està allì.
Observable de manera evidente e incuestionable en el comportamiento de los gemelos idènticos en la placenta, en los cuales cada uno va a tener un comportamiento propio que no es ni adquirido ni heredado.
Todo lo vivo tiene esa chispa de incomparabilidad.
Y es la comparaciòn lo que introduce en uno la idea, el sentimiento, el secreto temor de no ser del todo adecuado, no ser del todo aceptable, amable, de no ser del todo como "deberìa" ser, como se espera de mi que sea...
Sin comparaciòn la vida en uno no està sujeta a ninguna referencia o condiciòn interna para ser.
No està acotada a un movimiento en una direcciòn pre-determinada, pre-meditada.
Sin comparaciòn con una meta, con una imàgen, con una idea, no hay devenir psicològico, ni el temor que el mismo conlleva.
Sin comparaciòn la vida, el vivir, es la pura gracia de ser.
Es incomparable.
Y nada màs se puede agregar o decir.
Puedo usar la funciòn comparativa allì donde si aplica, o sea, en lo externo.
Comparo estos zapatos con estos otros para ver cual me va mejor.
Pero no interiormente.
Interiormente, la comparaciòn es el factor del miedo, de la desgracia, de la "carencia", de la separaciòn, del aislamiento.
¿Y SIN COMPARARME, QUÈ SUCEDE, CÒMO ME SIENTO...?
¿Y SIN COMPARAR A X, QUÈ SUCEDE, CÒMO ME SIENTO...?
¿Y SIN COMPARAR?
(interiormente, claro està)
¿Y SIN COMPARARME?
¿Còmo serìa vivir sin compararme?
Nunca màs...
Pregùnteselo.
Averìgüelo.
Es la ùnica forma en que tiene sentido vivir.
R.
Usted es incomparable.
Aùn para usted mismo/a.
Usted es ùnico/a.
Ùnico/a en su sentir, en su forma-de-ser, en su existir; en su "viaje", en su tour por esta temporalidad que es el escenario del universo.
Y no asumirlo, no asumirse, es la raìz de todas las desgracias.
Pues usted es la gracia de la vida floreciendo en forma de particularidad, como usted.
Negarse es negarla.
No asumirse es poner en duda la propia incomparabilidad.
¿Còmo?
Comparàndose.
Lo mismo que una vez que hacemos con nosotros mismos, se lo hacemos a todos los demàs incomparables.
Lo mismo que nos hicieron a nosotros en nuestra màs tierna infancia, y que luego nosotros aprendimos a hacernos de por vida.
Comparase es violentarse en lo màs ìntimo, en nuestro sentido de integridad particular.
Es violentar nuestra incomparabilidad.
Compararse con una imàgen de otro, de algùn hèroe, de algùn ìdolo, con la imàgen de como fui, o de como creo que "deberìa ser".
Compararse es comparar este momento, que es como es y en el cual soy como soy, con "otro" momento que sòlo existe ahora en mi imaginaciòn.
Pues este es el ùnico momento, y èste es el ùnico que soy.
Comparar este momento es compararme a mi tal cual soy en este momento, con
una idea de como en este momento deberìa sentirme.
Y es de esa comparaciòn donde nace en nosotros el sentimiento de inadecuaciòn, de separaciòn respecto de la gracia de la vida, la gracia del momento.
Nace en uno el sentimiento y la nociòn mental de que "debe haber algo malo conmigo, algo malo en mi", algo que no està del todo bien conmigo, algo rechazable, mejorable, perfeccionable.
Algo que no es como "deberìa" ser.
Por eso es por lo que, cualquier idea de progresiòn interna, de "mejoramiento", de "perfeccionamiento de si", de "purificaciòn", etc, lleva en si el gèrmen del rechazo hacia uno mismo, de la no-aceptaciòn de si mismo, de la no-admisiòn de si mismo, de la violencia contra si mismo, de la des-integraciòn de si mismo; del propio desamor mismo.
Y mientras esto subsista en nuestro interior, la "carencia" que ello provoca, el sentimiento de separaciòn e inadecuaciòn, etc, jamàs podrà subsanarse mediante la adquisiciòn o experiencia de ninguna cosa ni ningùn estado; mediante ninguna tècnica, mètodo, ni "soluciòn" alguna, mediante ninguna terapia, ni mediante fàrmaco o droga alguna, ya sea de las legales/represivas, o de las ilegales/reveladoras.
Sòlo asumièndo y vivièndo en la propia incomparabilidad puede el ser florecer en integridad, en sanidad, en comuniòn con y en la vida.
Y sòlo esto es vivir.
El resto es tan sòlo imitar, tratar de llegar a ser, de encajar, negociar, luchar, esforzarse, sufrir, y malgastar el precioso e irreversible tiempo vital en el inùtil tratar de no ser como soy por llegar a ser de uno modo que no soy ni serè jamàs.
Pues esto incomparable que soy, no es el producto de algo.
No es el producto de la educaciòn, ni del pasado, ni de la genètica, ni de ningùn hacer en particular.
No es el producto de ser de tal o cual nacionalidad, ni de vivir asì o asà, ni de alimentarse con, o de vestir... o de trabajar... o de no trabajar... o de desvestir...
Esto es anterior aùn a que como ser humano pudiera decir "a".
Ya en la vida fetal, en el mismo comportamiento celular del embriòn, del òvulo fecundado, la chispa de la particularidad està allì.
Observable de manera evidente e incuestionable en el comportamiento de los gemelos idènticos en la placenta, en los cuales cada uno va a tener un comportamiento propio que no es ni adquirido ni heredado.
Todo lo vivo tiene esa chispa de incomparabilidad.
Y es la comparaciòn lo que introduce en uno la idea, el sentimiento, el secreto temor de no ser del todo adecuado, no ser del todo aceptable, amable, de no ser del todo como "deberìa" ser, como se espera de mi que sea...
Sin comparaciòn la vida en uno no està sujeta a ninguna referencia o condiciòn interna para ser.
No està acotada a un movimiento en una direcciòn pre-determinada, pre-meditada.
Sin comparaciòn con una meta, con una imàgen, con una idea, no hay devenir psicològico, ni el temor que el mismo conlleva.
Sin comparaciòn la vida, el vivir, es la pura gracia de ser.
Es incomparable.
Y nada màs se puede agregar o decir.
Puedo usar la funciòn comparativa allì donde si aplica, o sea, en lo externo.
Comparo estos zapatos con estos otros para ver cual me va mejor.
Pero no interiormente.
Interiormente, la comparaciòn es el factor del miedo, de la desgracia, de la "carencia", de la separaciòn, del aislamiento.
¿Y SIN COMPARARME, QUÈ SUCEDE, CÒMO ME SIENTO...?
¿Y SIN COMPARAR A X, QUÈ SUCEDE, CÒMO ME SIENTO...?
¿Y SIN COMPARAR?
(interiormente, claro està)
¿Y SIN COMPARARME?
¿Còmo serìa vivir sin compararme?
Nunca màs...
Pregùnteselo.
Averìgüelo.
Es la ùnica forma en que tiene sentido vivir.
R.
martes, 9 de noviembre de 2010
Auto-referencia.
Este silencio sensiente y diàfano, claro como un cristal, como el aire invernal, es claro y diàfano por si mismo.
Esta es su naturaleza.
No es el producto de ninguna tècnica, de ningùn malabarismo de la atenciòn, no es la consecuencia de nada.
No es la resultante de ningùn "hacer" en particular; no es el hijo de ninguna visiòn especial, de ninguna revelaciòn o epifanìa.
No lo forjaron maestros ni gurùes, no debe su sacralidad a ningùn sacerdote; no es un estadìo final al cual se pueda acceder mediante el apego a doctrina alguna.
No tiene marca ni signo, ni nacionalidad ni pasado; no pertenece ni se apropia.
No tiene opuesto, ni excluye nada.
Este silencio sensiente, es naturalmente silencioso y sensiente, claro y lìmpido, puro en y por si mismo, incorruptible, espontàneamente.
Es auto-referente.
Ùnico en la particularidad de su sentir, en su sensibilidad en cada quien, no necesita de ninguna voz externa a si para saber de si frente a cada cosa y cada ser; cualquiera sea la circunstancia en la que se encuentre.
Sus sentimientos son el surgir en su ser-siendo, de la informaciòn que su misma naturaleza arroja en vibratoria respuesta a lo visto.
Sus sentimientos son èl, sintièndose vibrar en respuesta a algo.
Y esa informaciòn es el espejo en el cual se basa para adecuar su respuesta a las circustancias, siempre en fidelidad, en inviolable integridad de si mismo.
Siempre desde su auto-referencia.
¿Cuàl es la "puerta" hacia dicha auto-referencia, en caso de que no sea este tu vital funcionar hoy ?
La puerta "hacia" esa auto-referencia es muy sencilla: los sentimientos hablan de ti en relaciòn al hecho o al pensamiento que señalan, no hablan del hecho o del pensamiento en si.
Mis sentimientos de rechazo hacia algo no son un indicativo de que ello "es rechazable", sino simplemente de que no va con mi naturaleza de ser, que no va conmigo, y punto.
Mis sentimientos de interès hacia algo no son indicativos de que ese algo sea especialmente valioso por sobre otros objetos similares, sino simplemente de que en este momento vital de mi existir, mi naturaleza es afìn en su vibrar a dicho objeto, y punto.
Pero en ningùn caso, los sentimientos hablan de que yo deba tratar de modificarle algo al objeto, ni que deba conseguir tal o cual resultado con ese objeto, tan sòlo son una informaciòn, una guìa para mi relacionamiento con dicho objeto, para mi conducta; no para la del objeto en cuetiòn.
Pues este silencio sensiente y claro, es auto-referente por si mismo, por la propia inteligencia inherente a dicho silencio, a esta sensible espaciosidad que es-siendo-ùnica en cada ser.
Y no necesita de nada externo a si para ser si mismo, para ser plenamente si mismo, ìntegramente si mismo.
Sin nada que necesite de saber para ello, sin nada que necesite de hacer, alcanzar, lograr, buscar, llegar a poseer, a despojarse de, a entender, a comprender o a darse cuenta.
Sin nada que necesite cambiar o modificar, en si ni en nadie.
No hay nada que hacer.
Ni hay dilema alguno que resolver.
Es sòlo la creencia a que me aferro en un momento, de que no deberìa sentirme como sea que me sienta, lo que crea un falso conflicto, una falsa dualidad en mi.
Pero no es màs que eso, una FALSA dualidad basada en una creencia errada, nada màs.
¿Y sin la idea de que no deberìa sentirme asì?
Vive un sòlò dìa con esta pregunta, frente a cada tensiòn o incomodidad interior que se presente.
Sin responder verbalmente, pregùntate, y deja que el sentir "traiga" la respuesta.
Ese sentir que es-en-si la repuesta, pues es tu misma naturaleza auto-referente hacièndose sentir!
¿Y SIN LA IDEA DE QUE NO DEBERÌA SENTIRME ASÌ...?
R.
Esta es su naturaleza.
No es el producto de ninguna tècnica, de ningùn malabarismo de la atenciòn, no es la consecuencia de nada.
No es la resultante de ningùn "hacer" en particular; no es el hijo de ninguna visiòn especial, de ninguna revelaciòn o epifanìa.
No lo forjaron maestros ni gurùes, no debe su sacralidad a ningùn sacerdote; no es un estadìo final al cual se pueda acceder mediante el apego a doctrina alguna.
No tiene marca ni signo, ni nacionalidad ni pasado; no pertenece ni se apropia.
No tiene opuesto, ni excluye nada.
Este silencio sensiente, es naturalmente silencioso y sensiente, claro y lìmpido, puro en y por si mismo, incorruptible, espontàneamente.
Es auto-referente.
Ùnico en la particularidad de su sentir, en su sensibilidad en cada quien, no necesita de ninguna voz externa a si para saber de si frente a cada cosa y cada ser; cualquiera sea la circunstancia en la que se encuentre.
Sus sentimientos son el surgir en su ser-siendo, de la informaciòn que su misma naturaleza arroja en vibratoria respuesta a lo visto.
Sus sentimientos son èl, sintièndose vibrar en respuesta a algo.
Y esa informaciòn es el espejo en el cual se basa para adecuar su respuesta a las circustancias, siempre en fidelidad, en inviolable integridad de si mismo.
Siempre desde su auto-referencia.
¿Cuàl es la "puerta" hacia dicha auto-referencia, en caso de que no sea este tu vital funcionar hoy ?
La puerta "hacia" esa auto-referencia es muy sencilla: los sentimientos hablan de ti en relaciòn al hecho o al pensamiento que señalan, no hablan del hecho o del pensamiento en si.
Mis sentimientos de rechazo hacia algo no son un indicativo de que ello "es rechazable", sino simplemente de que no va con mi naturaleza de ser, que no va conmigo, y punto.
Mis sentimientos de interès hacia algo no son indicativos de que ese algo sea especialmente valioso por sobre otros objetos similares, sino simplemente de que en este momento vital de mi existir, mi naturaleza es afìn en su vibrar a dicho objeto, y punto.
Pero en ningùn caso, los sentimientos hablan de que yo deba tratar de modificarle algo al objeto, ni que deba conseguir tal o cual resultado con ese objeto, tan sòlo son una informaciòn, una guìa para mi relacionamiento con dicho objeto, para mi conducta; no para la del objeto en cuetiòn.
Pues este silencio sensiente y claro, es auto-referente por si mismo, por la propia inteligencia inherente a dicho silencio, a esta sensible espaciosidad que es-siendo-ùnica en cada ser.
Y no necesita de nada externo a si para ser si mismo, para ser plenamente si mismo, ìntegramente si mismo.
Sin nada que necesite de saber para ello, sin nada que necesite de hacer, alcanzar, lograr, buscar, llegar a poseer, a despojarse de, a entender, a comprender o a darse cuenta.
Sin nada que necesite cambiar o modificar, en si ni en nadie.
No hay nada que hacer.
Ni hay dilema alguno que resolver.
Es sòlo la creencia a que me aferro en un momento, de que no deberìa sentirme como sea que me sienta, lo que crea un falso conflicto, una falsa dualidad en mi.
Pero no es màs que eso, una FALSA dualidad basada en una creencia errada, nada màs.
¿Y sin la idea de que no deberìa sentirme asì?
Vive un sòlò dìa con esta pregunta, frente a cada tensiòn o incomodidad interior que se presente.
Sin responder verbalmente, pregùntate, y deja que el sentir "traiga" la respuesta.
Ese sentir que es-en-si la repuesta, pues es tu misma naturaleza auto-referente hacièndose sentir!
¿Y SIN LA IDEA DE QUE NO DEBERÌA SENTIRME ASÌ...?
R.
jueves, 4 de noviembre de 2010
A imàgen y semejanza.
Dios no lo creò a usted a su imàgen y semejanza.
No.
Ello es una completa estupidez.
Usted creò a dios (en su imaginaciòn), a su imàgen y semejanza.
¿Pues, dònde màs està ese supuesto dios que existe separado de usted, cuando usted no se lo imagina en algùn lado, cuando no piensa en èl?
¿Dònde ve usted a dios cuando no piensa en èl?
¿Dònde lo siente?
¿Còmo lo siente?
¿Con què lo siente?
¿Con todo su ser, con todo su corazòn?
¿Con toda su "alma"?
¿Dònde està su "alma" cuando usted no piensa en ella, cuando no fantasea con que tiene una?
¿Què usted lo siente igualmente con todo su corazòn?
Entonces señàlese el corazòn.
Cualquier otra cosa o lugar o ser que uno señale es tan sòlo un reflejo externo del corazòn, de lo que se siente con todo el corazòn, en-el-corazòn!
Pues si no se siente en el corazòn, con el corazòn, entonces ello no significa nada; es tan sòlo pensamiento, fantasìa sin sentido, imaginaciòn.
Si no lo siente latir en usted, no hay lugar fuera de usted donde lo pueda ver.
Y lo que se siente en el corazòn no es distinto del corazòn sintièndose asì a si mismo!!!
Por eso es que "su dios" no existe.
Existe usted, pensando: "dios".
Usted lo crea en su imaginaciòn, a su imàgen y semejanza, y no al revès.
¿Dònde està dios cuando no se piensa en èl?
Repita con toda su atenciòn en ello, con toda su sensibilidad pendiente de ello: dios, dios, dios...
Hasta sentirlo.
Y va a ver como lo "ùnico" que siente es a usted mismo, a su propio corazòn.
Entonces va a ver que con todo es lo mismo.
Entonces va a ver que lo que sea que sienta, siempre es usted mismo sintièndose asì, modificado en su sentir transitorio por las circunstancias externas y/o por el pensamiento.
Pero siempre uno mismo.
"Esto" (llàmese dios, buda, hitler, o lo que sea) tambièn soy yo; siempre.
Esto tambièn soy yo.
Yo pensando dios es asì y me mira asà.
Dios me quiere, dios no me quiere.
Dios me castiga, dios me perdona.
Dios esto y dios aquello.
Que humano que es este dios!!!
Tan a nuestra imàgen y semejanza!
Tan parecido a un padre o una madre!
Tan sacado de nuestra memoria!
Tan humano!
Tan yo pensando!!!
Todo, lo que sea que sienta, como sea que lo sienta, siempre, tambièn soy yo.
Todo soy yo.
Soy/Somos el SER ùnico, sintièndo y sintièndose desde cada corazòn.
Y nada hay fuera de esto que SOY.
Todo lo demàs es "conversaciones sobre un supuesto tipo llamado dios".
Fantasìas sobre "el dios que nos creò".
Fantasìas que estoy teniendo yo.
A mi imàgen y semajanza.
Amèn.
R.
No.
Ello es una completa estupidez.
Usted creò a dios (en su imaginaciòn), a su imàgen y semejanza.
¿Pues, dònde màs està ese supuesto dios que existe separado de usted, cuando usted no se lo imagina en algùn lado, cuando no piensa en èl?
¿Dònde ve usted a dios cuando no piensa en èl?
¿Dònde lo siente?
¿Còmo lo siente?
¿Con què lo siente?
¿Con todo su ser, con todo su corazòn?
¿Con toda su "alma"?
¿Dònde està su "alma" cuando usted no piensa en ella, cuando no fantasea con que tiene una?
¿Què usted lo siente igualmente con todo su corazòn?
Entonces señàlese el corazòn.
Cualquier otra cosa o lugar o ser que uno señale es tan sòlo un reflejo externo del corazòn, de lo que se siente con todo el corazòn, en-el-corazòn!
Pues si no se siente en el corazòn, con el corazòn, entonces ello no significa nada; es tan sòlo pensamiento, fantasìa sin sentido, imaginaciòn.
Si no lo siente latir en usted, no hay lugar fuera de usted donde lo pueda ver.
Y lo que se siente en el corazòn no es distinto del corazòn sintièndose asì a si mismo!!!
Por eso es que "su dios" no existe.
Existe usted, pensando: "dios".
Usted lo crea en su imaginaciòn, a su imàgen y semejanza, y no al revès.
¿Dònde està dios cuando no se piensa en èl?
Repita con toda su atenciòn en ello, con toda su sensibilidad pendiente de ello: dios, dios, dios...
Hasta sentirlo.
Y va a ver como lo "ùnico" que siente es a usted mismo, a su propio corazòn.
Entonces va a ver que con todo es lo mismo.
Entonces va a ver que lo que sea que sienta, siempre es usted mismo sintièndose asì, modificado en su sentir transitorio por las circunstancias externas y/o por el pensamiento.
Pero siempre uno mismo.
"Esto" (llàmese dios, buda, hitler, o lo que sea) tambièn soy yo; siempre.
Esto tambièn soy yo.
Yo pensando dios es asì y me mira asà.
Dios me quiere, dios no me quiere.
Dios me castiga, dios me perdona.
Dios esto y dios aquello.
Que humano que es este dios!!!
Tan a nuestra imàgen y semejanza!
Tan parecido a un padre o una madre!
Tan sacado de nuestra memoria!
Tan humano!
Tan yo pensando!!!
Todo, lo que sea que sienta, como sea que lo sienta, siempre, tambièn soy yo.
Todo soy yo.
Soy/Somos el SER ùnico, sintièndo y sintièndose desde cada corazòn.
Y nada hay fuera de esto que SOY.
Todo lo demàs es "conversaciones sobre un supuesto tipo llamado dios".
Fantasìas sobre "el dios que nos creò".
Fantasìas que estoy teniendo yo.
A mi imàgen y semajanza.
Amèn.
R.
Tres preguntas sobre lo mismo.
1) ¿Què necesita el Ser para ser el mismìsimo Ser-siendo èl, màs allà de cualesquiera sean las condiciones en medio de las que sea?
¿Acaso hay alguna condiciòn o circunstancia en particular que el ser necesite para ser, para "siendo"?
Pregùnteselo.
2) ¿Què necesitas tù mismo para ser tù mismo?
¿O tù siempre ères tù?
Màs allà, claro està, de que a veces uno pretenda ser de un modo que no es; pero aùn asì, es uno mismo, pretendièndo no serlo!
Pregùntatelo.
3) Lo que el ES, ese SER es, y tù, eso que se da cuenta de si mismo como la sensaciòn o sentido de ser, como ese Soy, ¿son dos distintos o es el mismo ser, el mismo SOY?
Esa sensaciòn desnuda, desprovista de cualquier imàgen o asociaciòn mental, esa pura "conciencia" que se da cuenta que es y que ningùn cambio o modificaciòn en las circunstancias le modifica, eso que se vivencia a si mismo como "SOY", ¿es distinto de "el SER" de la Vida, de toda vida?
¿O es el mismo ser en toda forma de vida?
Porque se cae de maduro que, desprovista de cualquier asociaciòn de la memoria particular, la "sensaciòn de ser" o "conciencia de ser", o este claro sentido de ser, es inherente a cualquiera que sea!
¿Hay en la vida "el Ser" por un lado, y "mi ser" por otro?
¿O son el mismo ser?
¿Soy yo una vida que existe separada o aparte de la VIDA?
¿O somos uno y el mismo SER?
¿Soy yo uno, y mi Ser o el Ser de la Vida, otro?
¿No son acaso todas estas distinciones o categorizaciones en relaciòn al hecho ser, al hecho "siendo", fantasìas mentales elucubradas por nuestro pensamiento?
De ahì que todo nuestro esfuerzo por "llegar a ser" no sea màs que un absurdo; y la causa de toda nuestra infelicidad.
Pues no es màs que resistencia a ser.
O sea, yo resistièndome a mi mismo tal cual yo mismo soy.
Resistirme a algo, es en realidad, resistirme a sentirme frente a ese algo como frente a ese algo me siento; o sea, resistencia a sentirme, y punto.
Rendirse a la vida, es en realidad, rendirse a ser uno mismo en la vida, como sea que la vida se presente.
Es permitirse, admitirse, aceptarse.
Y es el fin del falso sentimiento de separaciòn entre yo y la vida, entre "el SER Supremo" y esta vivencia de ser, este SOY que yo soy y que cada ser que es Es.
Es el fin de la identificaciòn con "el que necesita que esto sea asì y no asà para poder ser si mismo".
Es el regreso del hijo pròdigo que en realidad nunca partiò.
R.
¿Acaso hay alguna condiciòn o circunstancia en particular que el ser necesite para ser, para "siendo"?
Pregùnteselo.
2) ¿Què necesitas tù mismo para ser tù mismo?
¿O tù siempre ères tù?
Màs allà, claro està, de que a veces uno pretenda ser de un modo que no es; pero aùn asì, es uno mismo, pretendièndo no serlo!
Pregùntatelo.
3) Lo que el ES, ese SER es, y tù, eso que se da cuenta de si mismo como la sensaciòn o sentido de ser, como ese Soy, ¿son dos distintos o es el mismo ser, el mismo SOY?
Esa sensaciòn desnuda, desprovista de cualquier imàgen o asociaciòn mental, esa pura "conciencia" que se da cuenta que es y que ningùn cambio o modificaciòn en las circunstancias le modifica, eso que se vivencia a si mismo como "SOY", ¿es distinto de "el SER" de la Vida, de toda vida?
¿O es el mismo ser en toda forma de vida?
Porque se cae de maduro que, desprovista de cualquier asociaciòn de la memoria particular, la "sensaciòn de ser" o "conciencia de ser", o este claro sentido de ser, es inherente a cualquiera que sea!
¿Hay en la vida "el Ser" por un lado, y "mi ser" por otro?
¿O son el mismo ser?
¿Soy yo una vida que existe separada o aparte de la VIDA?
¿O somos uno y el mismo SER?
¿Soy yo uno, y mi Ser o el Ser de la Vida, otro?
¿No son acaso todas estas distinciones o categorizaciones en relaciòn al hecho ser, al hecho "siendo", fantasìas mentales elucubradas por nuestro pensamiento?
De ahì que todo nuestro esfuerzo por "llegar a ser" no sea màs que un absurdo; y la causa de toda nuestra infelicidad.
Pues no es màs que resistencia a ser.
O sea, yo resistièndome a mi mismo tal cual yo mismo soy.
Resistirme a algo, es en realidad, resistirme a sentirme frente a ese algo como frente a ese algo me siento; o sea, resistencia a sentirme, y punto.
Rendirse a la vida, es en realidad, rendirse a ser uno mismo en la vida, como sea que la vida se presente.
Es permitirse, admitirse, aceptarse.
Y es el fin del falso sentimiento de separaciòn entre yo y la vida, entre "el SER Supremo" y esta vivencia de ser, este SOY que yo soy y que cada ser que es Es.
Es el fin de la identificaciòn con "el que necesita que esto sea asì y no asà para poder ser si mismo".
Es el regreso del hijo pròdigo que en realidad nunca partiò.
R.
miércoles, 3 de noviembre de 2010
El secreto ères tù.
Afuera llueve.
Es una mùsica sorda y primordial, de rìtmos insobornables.
Adentro, el ruido humano, la costumbre, el hàbito, el pensamiento haciendo de las suyas.
Y en medio de todo ello, intocado, este no-algo, esto que se da cuenta de la lluvia y del pensamiento, y que se da cuenta que se da cuenta de ello sin participar de su movimiento.
Esto, esta "conciencia de ser" que se da cuenta de que es, y se da cuenta que es lo que se da cuenta.
Este sentido de ser conciente de si mismo en si mismo.
Esto que es puro darse cuenta; de la lluvia, del pensamiento, y de si.
Esto que se da cuenta de lo que cambia; como el clima, o para el caso, cualquier otra apariencia.
O como el ànimo, el sentimiento, el estado mental, las opiniones, los juicios y los prejuicios, las conclusiones, la "forma de ser"; en fin, todo el mundo psicològico con sus estaciones, las imàgenes propias o de otros propuestas por el pensamiento, la fantasìa y la memoria, la incesante rueda del pensamiento girando sin cesar.
Y sin embargo esto, este, en medio de todo ello, sin cambiar.
Esto que no cambia, que sòlo cree haber cambiado cuando se mira a travès de la creencia, para ver luego por si mismo, que sigue siendo el mismo si mismo, al mirarse sin el filtro distorsionante de la creencia, o sea, de lo que cambia.
Esto que soy, que ères, que somos; esto que se es espontàneamente, sin esfuerzo.
Esto sobre lo que nadie puede reclamar propiedad, exclusivadad, posesiòn, derechos de admministraciòn, poder, pretensiones de aumento o rebaja; de admisiòn o exclusiòn, nada.
Esto, este ser siendo, este siendo, este SOY que todos somos y que todo es.
Esto que ninguna imàgen de si puede ni podrà jamàs contener.
Esto que siente y que ve, no porque haga algo para ello, sino porque èsa es su naturaleza.
Esto que se da cuenta que se da cuenta, porque esta es su naturaleza.
Esto que al darse cuenta de si mismo tal cual siente frente a cada cosa y cada ser, se da cuenta de su sentido.
De lo que para èl tiene sentido, o sea, del ùnico vivir o ser que tiene para mi sentido, pues si falto a dicho sentido, o sea a como yo siento que siento responder, entonces me falto a mi mismo, falto a mi vivir, y vivo ausente de mi, como si no fuera este que soy, esto, sea lo que ello sea, que siente asì.
Eso es un existir, un obrar, sin-sentido!
Eso es i-responsabilidad.
Eso des-integraciòn.
Eso es pecado.
Pecado: errar el blanco.
Sintièndo, y dàndome cuenta de como siento, negarme a mi mismo, negàndome a responder tal y como siento.
Como si no sintiera lo que siento tal cual lo siento.
Por temor, "conveniencia", deseo de aprobaciòn, etc.
Por el hàbito de negociar lo innegociable.
Yo finjo ser de un modo que no soy, asì tu finges que me aceptas como soy, siempre y cuando yo me mantenga siendo asì!!!
Que uno crea que necesita que otro ser humano se degrade faltando a su propia integridad, para aparecer frente a uno como un personaje "aceptable", para llenar "mis espectativas y necesidades", para hacerme sentir asì o asà, es en primerìsimo lugar una auto-degradaciòn.
Y lo mismo, es al revès.
Creer que necesito "tratar de ser màs asì y menos asà" para que X me quiera o acepte, es la misma degradaciòn a la cual voluntariamente me someto.
Soy mi verdugo y mi vìctima; sòlo yo y nadie màs.
Los demàs solo pueden, a lo sumo, ser còmplices; pero el poder de sentenciar e identificarme con la vìctima ha sido, es, y seguirà siendo siempre todo mio.
La responsabilidad es toda mìa.
Y por tanto, la irresponsabilidad tambièn.
Pues soy yo que siento asì como siento, y me doy cuenta de èsto que siento, y de que el que lo siente asì soy yo.
Ni tù, ni èl, o ella.
Que de ùltimas es asunto de ella o de èl, pero no mìo.
Asunto mìo es asumir que en realidad, en relaciòn a lo que sea que la vida me plantèe, siento asì, como sea que sienta; y por tanto es asì como siento responder, pues responder de un modo que no siento, no tiene para mi ningùn sentido!
Darme cuenta de mi sentir, y resistir, eso es irresponsabilidad.
Eso es negarme a ser.
Es resistir-me a ser tal cual siento ser.
Eso es tratar de no ser como soy, para tratar de "llegar a ser" como no soy, ni lograrè ser jamàs!
Eso es dejar de asumirme como esto que siente como siente, para tratar de encajar en una imàgen de mi que asumo es "como yo deberìa ser".
Es cosificarme.
Condicionarme.
Rechazarme.
Negarme.
Traicionarme.
E identificarme con una imàgen, o sea, con algo que cambia.
Y vivir, o sobrevivir, en consecuencia.
Como si lo que cambia realmente me afectàse en mi sentido de ser.
Como si necesitase que las cosas fuesen asì o asà, para poder sentirme ser tal como siento y soy.
Como si mi sentido de ser esto que SOY, necesitase de que salga el sol, o de que no acontezcan pensamientos, o lo que fuere.
Como si mi naturaleza fuese el cambio.
Cuando mi naturaleza verdadera, es la de presenciador de lo que cambia en medio del cambio, pero sin ser por ello modificado!
No cambia, ni ha cambiado, ni cambiarà jamàs lo que SOY.
Esta conciencia de ser lo que se da cuenta de ser!
Cambia a lo sumo el como me veo, en virtud de las creencias que hoy tengo sobre mi y que mañana dejo de tener.
Pero no lo que SOY.
JAMÀS.
Este SOY que yo soy, que tù tambièn ères; que todo y todos SOMOS.
Este SOY que es el ùnico Ser siendo, manifestàndose ùnico en cada quien.
Este que ningùn esfuerzo ni nada necesita de hacer, o que otro haga o no haga para ser èl mismo.
Este SOY que tambièn ères tù.
Y que al rendirse, o sea al rendirse a ser-lo, no se "transforma" en lo que ya es y siempre ha sido, sino que tan sòlo se da cuenta de siempre haberlo sido.
Pues rendirse, es dejar de resistirse a darse cuenta de ser este que siente asì, como sea que sienta, frente a como sea que la realidad de algo aparezca ante mi.
Es rendirse al fluir de ser este que SOY sièndolo, sintièndo como siento frente a la realidad que veo y siento, y repondièndo por tanto desde esto que me doy cuenta que siento, desde esto que soy.
Rendirme no añade nada a lo que SOY.
Rendirme es simplemente dejar de resistirme; es abandonar el sin-sentido, cortar en mi con el movimiento de la degradaciòn, con el falsearme.
Es rendirme a ser como siento desde mi ser frente a cada cosa y cada ser.
Es ser siendo simplemente y sin esfuerzo desde lo que SOY, tal cual siento que soy; sintièndome frente a lo que sea que estè.
Este SOY que tambièn ères tù, y ella, y èl, y cada cosa y cada ser.
Este mismo SOY, que es tambièn el secreto.
El secreto al que apuntan sin jamàs poder contenerlo o alcanzarlo, todas las inùtiles catedrales, las iglesias, los templos, las mezquitas, las piràmides, las obras de arte, las ciencias, las doctrinas y religiones, las fàbulas y mitologìas, las constituciones y estatutos, los jeroglìficos y los ideogramas, los oscuros sìmbolos y el estèril lenguaje, la lengua ingenua de los sabios y la lengua hipòcrita de los idiotas, el delirio de los delirantes, y todas las fantasìas sobre el paraìso màs sublime e inefable que pueda haber imaginado el ser humano desde su primer dìa en este planeta.
Ese secreto, el màs recòndito de todos, el jamàs agotado o agotable, el inescondible e inmonopolizable.
Ese secreto a voces, ese inigualable, incomparable; ese frente al cual todo es nada y nada es todo.
Ese secreto que es la naturaleza inmortal y primordial, esencial de todo el universo.
Eso que es siempre el-desde-donde se vè, sin importar cual sea el paisaje real o mental que se vè!
¿Ese "EL" secreto?
TÙ.
Ni màs, ni menos.
El secreto ères tù.
R.
Es una mùsica sorda y primordial, de rìtmos insobornables.
Adentro, el ruido humano, la costumbre, el hàbito, el pensamiento haciendo de las suyas.
Y en medio de todo ello, intocado, este no-algo, esto que se da cuenta de la lluvia y del pensamiento, y que se da cuenta que se da cuenta de ello sin participar de su movimiento.
Esto, esta "conciencia de ser" que se da cuenta de que es, y se da cuenta que es lo que se da cuenta.
Este sentido de ser conciente de si mismo en si mismo.
Esto que es puro darse cuenta; de la lluvia, del pensamiento, y de si.
Esto que se da cuenta de lo que cambia; como el clima, o para el caso, cualquier otra apariencia.
O como el ànimo, el sentimiento, el estado mental, las opiniones, los juicios y los prejuicios, las conclusiones, la "forma de ser"; en fin, todo el mundo psicològico con sus estaciones, las imàgenes propias o de otros propuestas por el pensamiento, la fantasìa y la memoria, la incesante rueda del pensamiento girando sin cesar.
Y sin embargo esto, este, en medio de todo ello, sin cambiar.
Esto que no cambia, que sòlo cree haber cambiado cuando se mira a travès de la creencia, para ver luego por si mismo, que sigue siendo el mismo si mismo, al mirarse sin el filtro distorsionante de la creencia, o sea, de lo que cambia.
Esto que soy, que ères, que somos; esto que se es espontàneamente, sin esfuerzo.
Esto sobre lo que nadie puede reclamar propiedad, exclusivadad, posesiòn, derechos de admministraciòn, poder, pretensiones de aumento o rebaja; de admisiòn o exclusiòn, nada.
Esto, este ser siendo, este siendo, este SOY que todos somos y que todo es.
Esto que ninguna imàgen de si puede ni podrà jamàs contener.
Esto que siente y que ve, no porque haga algo para ello, sino porque èsa es su naturaleza.
Esto que se da cuenta que se da cuenta, porque esta es su naturaleza.
Esto que al darse cuenta de si mismo tal cual siente frente a cada cosa y cada ser, se da cuenta de su sentido.
De lo que para èl tiene sentido, o sea, del ùnico vivir o ser que tiene para mi sentido, pues si falto a dicho sentido, o sea a como yo siento que siento responder, entonces me falto a mi mismo, falto a mi vivir, y vivo ausente de mi, como si no fuera este que soy, esto, sea lo que ello sea, que siente asì.
Eso es un existir, un obrar, sin-sentido!
Eso es i-responsabilidad.
Eso des-integraciòn.
Eso es pecado.
Pecado: errar el blanco.
Sintièndo, y dàndome cuenta de como siento, negarme a mi mismo, negàndome a responder tal y como siento.
Como si no sintiera lo que siento tal cual lo siento.
Por temor, "conveniencia", deseo de aprobaciòn, etc.
Por el hàbito de negociar lo innegociable.
Yo finjo ser de un modo que no soy, asì tu finges que me aceptas como soy, siempre y cuando yo me mantenga siendo asì!!!
Que uno crea que necesita que otro ser humano se degrade faltando a su propia integridad, para aparecer frente a uno como un personaje "aceptable", para llenar "mis espectativas y necesidades", para hacerme sentir asì o asà, es en primerìsimo lugar una auto-degradaciòn.
Y lo mismo, es al revès.
Creer que necesito "tratar de ser màs asì y menos asà" para que X me quiera o acepte, es la misma degradaciòn a la cual voluntariamente me someto.
Soy mi verdugo y mi vìctima; sòlo yo y nadie màs.
Los demàs solo pueden, a lo sumo, ser còmplices; pero el poder de sentenciar e identificarme con la vìctima ha sido, es, y seguirà siendo siempre todo mio.
La responsabilidad es toda mìa.
Y por tanto, la irresponsabilidad tambièn.
Pues soy yo que siento asì como siento, y me doy cuenta de èsto que siento, y de que el que lo siente asì soy yo.
Ni tù, ni èl, o ella.
Que de ùltimas es asunto de ella o de èl, pero no mìo.
Asunto mìo es asumir que en realidad, en relaciòn a lo que sea que la vida me plantèe, siento asì, como sea que sienta; y por tanto es asì como siento responder, pues responder de un modo que no siento, no tiene para mi ningùn sentido!
Darme cuenta de mi sentir, y resistir, eso es irresponsabilidad.
Eso es negarme a ser.
Es resistir-me a ser tal cual siento ser.
Eso es tratar de no ser como soy, para tratar de "llegar a ser" como no soy, ni lograrè ser jamàs!
Eso es dejar de asumirme como esto que siente como siente, para tratar de encajar en una imàgen de mi que asumo es "como yo deberìa ser".
Es cosificarme.
Condicionarme.
Rechazarme.
Negarme.
Traicionarme.
E identificarme con una imàgen, o sea, con algo que cambia.
Y vivir, o sobrevivir, en consecuencia.
Como si lo que cambia realmente me afectàse en mi sentido de ser.
Como si necesitase que las cosas fuesen asì o asà, para poder sentirme ser tal como siento y soy.
Como si mi sentido de ser esto que SOY, necesitase de que salga el sol, o de que no acontezcan pensamientos, o lo que fuere.
Como si mi naturaleza fuese el cambio.
Cuando mi naturaleza verdadera, es la de presenciador de lo que cambia en medio del cambio, pero sin ser por ello modificado!
No cambia, ni ha cambiado, ni cambiarà jamàs lo que SOY.
Esta conciencia de ser lo que se da cuenta de ser!
Cambia a lo sumo el como me veo, en virtud de las creencias que hoy tengo sobre mi y que mañana dejo de tener.
Pero no lo que SOY.
JAMÀS.
Este SOY que yo soy, que tù tambièn ères; que todo y todos SOMOS.
Este SOY que es el ùnico Ser siendo, manifestàndose ùnico en cada quien.
Este que ningùn esfuerzo ni nada necesita de hacer, o que otro haga o no haga para ser èl mismo.
Este SOY que tambièn ères tù.
Y que al rendirse, o sea al rendirse a ser-lo, no se "transforma" en lo que ya es y siempre ha sido, sino que tan sòlo se da cuenta de siempre haberlo sido.
Pues rendirse, es dejar de resistirse a darse cuenta de ser este que siente asì, como sea que sienta, frente a como sea que la realidad de algo aparezca ante mi.
Es rendirse al fluir de ser este que SOY sièndolo, sintièndo como siento frente a la realidad que veo y siento, y repondièndo por tanto desde esto que me doy cuenta que siento, desde esto que soy.
Rendirme no añade nada a lo que SOY.
Rendirme es simplemente dejar de resistirme; es abandonar el sin-sentido, cortar en mi con el movimiento de la degradaciòn, con el falsearme.
Es rendirme a ser como siento desde mi ser frente a cada cosa y cada ser.
Es ser siendo simplemente y sin esfuerzo desde lo que SOY, tal cual siento que soy; sintièndome frente a lo que sea que estè.
Este SOY que tambièn ères tù, y ella, y èl, y cada cosa y cada ser.
Este mismo SOY, que es tambièn el secreto.
El secreto al que apuntan sin jamàs poder contenerlo o alcanzarlo, todas las inùtiles catedrales, las iglesias, los templos, las mezquitas, las piràmides, las obras de arte, las ciencias, las doctrinas y religiones, las fàbulas y mitologìas, las constituciones y estatutos, los jeroglìficos y los ideogramas, los oscuros sìmbolos y el estèril lenguaje, la lengua ingenua de los sabios y la lengua hipòcrita de los idiotas, el delirio de los delirantes, y todas las fantasìas sobre el paraìso màs sublime e inefable que pueda haber imaginado el ser humano desde su primer dìa en este planeta.
Ese secreto, el màs recòndito de todos, el jamàs agotado o agotable, el inescondible e inmonopolizable.
Ese secreto a voces, ese inigualable, incomparable; ese frente al cual todo es nada y nada es todo.
Ese secreto que es la naturaleza inmortal y primordial, esencial de todo el universo.
Eso que es siempre el-desde-donde se vè, sin importar cual sea el paisaje real o mental que se vè!
¿Ese "EL" secreto?
TÙ.
Ni màs, ni menos.
El secreto ères tù.
R.
miércoles, 27 de octubre de 2010
Ni maestro, ni salvador, ni gurù.
El maestro no puede enseñar si el alumno no tiene verdadera sed, verdadero interès para indagar, para cuestionar, para poner a prueba los modelos, las palabras que supuestamente señalan a lo real.
Si hay verdadero interès y seriedad, verdadera sed, entonces no hace falta maestro alguno, pues la honestidad y el discernimiento llevados a la pràctica son suficientes para iluminar la propia oscuridad.
Si no lo hay, todo, maestro incluìdo, no es para mi màs que una distracciòn, un entretenimiento superficial, pero no estoy dispuesto a cuestionar la mentira que me mantiene en la oscuridad.
Si yo no me salvo de mi mismo, de la creencias erradas que tengo sobre mi, sobre la vida, sobre los demàs, ¿quièn me va a salvar?
No importa quien se materialice delante mio para señalarme què, si yo internamente no estoy dispuesto a ver.
Podràn seguir vinièndo salvadores, hablàndo hasta que se les caiga la lengua, y seguiremos como hasta ahora, sin escuchar.
Repitièndo sus palabras, deformàndolas, idolatràndolos, pero sin jamàs mirar, sin jamàs asumir la responsabilidad de nuestro propio interior, de nosotros mismos, de nuestro intransferible vivir.
Y por eso nada va a cambiar.
Y podràn seguir aparecièndo gurùes.
Da la tradiciòn tal o cual.
Reconocidos como tales por el maestro tal y cual.
Gurù, el que disipa la ilusiòn de la falsa oposiciòn, de la falsa dualidad.
Otra ilusiòn màs.
Nadie puede disipar nada por uno.
No en el propio interior.
A lo sumo se puede señalar.
Pero es uno que mira o no mira.
Mira y ve.
O no mira, mira sin ganas, repitièndo lo que le dijeron que repita, pero sin ver nada de aquello sobre lo que habla.
Aquello que ha asumido o no que es asì, pero que jamàs ha saboreado por si mismo.
Sòlo la inteligencia, que es sensibilidad y discernimiento son el ùnico y verdadero gurù.
El ùnico y verdadero maestro interior, el ùnico salvador de esta humanidad llamada yo mismo.
El gurù no es alguien.
El ùnico y verdadero gurù es la vida misma, hablàndome desde mi propio corazòn.
Y si no puedo escuchar al corazòn que es la vida hablàndome a mi a travès de mi, entonces soy sordo, ciego y necio, no importa a cuantos "maestros, salvadores y gurùes" yo lea o vaya a escuchar.
Y si escucho al corazòn, ¿a quièn màs necesito escuchar para librarme de la identificaciòn con lo que no soy?
Y si escucho a quien sea y a lo que sea, a la vida como sea que esta se presente ante mi, escuchàndo desde el corazòn, con el corazòn, ¿entonces para què habrìa de necesitar que otro me dijera lo que es verdadero o falso para mi, lo que corresponde o no con el sentir verdadero de mi propio corazòn?
Y lo que llamo mi corazòn, no es, ni màs ni menos, que el particular latir de la vida en mi.
Es el corazòn del ùnico latiendo en mi.
Es la voz de la verdad en mi interior.
El maestro interior, el ùnico salvador, el gurù supremo.
Todo lo demàs es idolatrìa, insensatez y distorsiòn.
Cada quien lleva en si su propio maestro, su propio gurù, su propio salvador.
No hay entonces nadie que no tenga o necesite de que OTRO lo amaestre.
El rico y el pobre, el instruìdo y el ignorante, el tosco y el refinado, todos tienen su maestro en su propia conciencia de ser, en su mismo interior.
No hay necesidad de buscar afuera lo que abunda en el propio ser.
Ni hay nada que se pueda encontrar afuera sino lo encuentro en mi mismo ser primero.
Y si lo encuentro en mi, ¿para què salir a buscar lo que ya se tiene?
Cada quien es su propio maestro, su propio alumno, su propio gurù, su propio discìpulo, su propio salvador, su propio elegido.
Tan sòlo hay que estar dispuesto a escuchar al propio corazòn, a la voz de la inteligencia, de la sensibilidad, del discernimiento, de la compasiòn.
Estar dispuesto a escuchar-se, y a tener el coraje de obedecer-se.
R.
Si hay verdadero interès y seriedad, verdadera sed, entonces no hace falta maestro alguno, pues la honestidad y el discernimiento llevados a la pràctica son suficientes para iluminar la propia oscuridad.
Si no lo hay, todo, maestro incluìdo, no es para mi màs que una distracciòn, un entretenimiento superficial, pero no estoy dispuesto a cuestionar la mentira que me mantiene en la oscuridad.
Si yo no me salvo de mi mismo, de la creencias erradas que tengo sobre mi, sobre la vida, sobre los demàs, ¿quièn me va a salvar?
No importa quien se materialice delante mio para señalarme què, si yo internamente no estoy dispuesto a ver.
Podràn seguir vinièndo salvadores, hablàndo hasta que se les caiga la lengua, y seguiremos como hasta ahora, sin escuchar.
Repitièndo sus palabras, deformàndolas, idolatràndolos, pero sin jamàs mirar, sin jamàs asumir la responsabilidad de nuestro propio interior, de nosotros mismos, de nuestro intransferible vivir.
Y por eso nada va a cambiar.
Y podràn seguir aparecièndo gurùes.
Da la tradiciòn tal o cual.
Reconocidos como tales por el maestro tal y cual.
Gurù, el que disipa la ilusiòn de la falsa oposiciòn, de la falsa dualidad.
Otra ilusiòn màs.
Nadie puede disipar nada por uno.
No en el propio interior.
A lo sumo se puede señalar.
Pero es uno que mira o no mira.
Mira y ve.
O no mira, mira sin ganas, repitièndo lo que le dijeron que repita, pero sin ver nada de aquello sobre lo que habla.
Aquello que ha asumido o no que es asì, pero que jamàs ha saboreado por si mismo.
Sòlo la inteligencia, que es sensibilidad y discernimiento son el ùnico y verdadero gurù.
El ùnico y verdadero maestro interior, el ùnico salvador de esta humanidad llamada yo mismo.
El gurù no es alguien.
El ùnico y verdadero gurù es la vida misma, hablàndome desde mi propio corazòn.
Y si no puedo escuchar al corazòn que es la vida hablàndome a mi a travès de mi, entonces soy sordo, ciego y necio, no importa a cuantos "maestros, salvadores y gurùes" yo lea o vaya a escuchar.
Y si escucho al corazòn, ¿a quièn màs necesito escuchar para librarme de la identificaciòn con lo que no soy?
Y si escucho a quien sea y a lo que sea, a la vida como sea que esta se presente ante mi, escuchàndo desde el corazòn, con el corazòn, ¿entonces para què habrìa de necesitar que otro me dijera lo que es verdadero o falso para mi, lo que corresponde o no con el sentir verdadero de mi propio corazòn?
Y lo que llamo mi corazòn, no es, ni màs ni menos, que el particular latir de la vida en mi.
Es el corazòn del ùnico latiendo en mi.
Es la voz de la verdad en mi interior.
El maestro interior, el ùnico salvador, el gurù supremo.
Todo lo demàs es idolatrìa, insensatez y distorsiòn.
Cada quien lleva en si su propio maestro, su propio gurù, su propio salvador.
No hay entonces nadie que no tenga o necesite de que OTRO lo amaestre.
El rico y el pobre, el instruìdo y el ignorante, el tosco y el refinado, todos tienen su maestro en su propia conciencia de ser, en su mismo interior.
No hay necesidad de buscar afuera lo que abunda en el propio ser.
Ni hay nada que se pueda encontrar afuera sino lo encuentro en mi mismo ser primero.
Y si lo encuentro en mi, ¿para què salir a buscar lo que ya se tiene?
Cada quien es su propio maestro, su propio alumno, su propio gurù, su propio discìpulo, su propio salvador, su propio elegido.
Tan sòlo hay que estar dispuesto a escuchar al propio corazòn, a la voz de la inteligencia, de la sensibilidad, del discernimiento, de la compasiòn.
Estar dispuesto a escuchar-se, y a tener el coraje de obedecer-se.
R.
¿Què es yo?
Para empezar, yo es un sonido, una palabra.
Ni buena ni mala palabra.
Simplemente algo, un sonido, que señala, que alude, que apunta en una determinada direcciòn.
Yo no es una entidad aparte de mi a la que yo tengo que tratar de destruìr, ni con la cual yo tengo que tratar de integrarme.
Eso es una insensatez, y si yo me lo creo, esa insensatez es lo que paso a ser yo.
Cuando la palabra yo es asociada a una imàgen con la cual me identifico, entonces me condiciono, me fragmento, me divido.
Esto es "yo".
Un personaje irreal creado por el pensamiento, una fantasìa sobre uno mismo como entidad separada del cambiante fluir real de la vida; una entidad separada del fluir de la realidad.
Eso es lo que sucede cuando la palabra "yo" es tomada con el pensamiento, con la memoria asociativa, y no con el SENTIR natural del ser, del corazòn.
Cuando yo no es asociado a nada, entonces la palabra señala a eso que es uno mismo.
Eso que yo soy.
Sin cualidad definida, concreta, exclusiva, excluyente, ni permanente.
Soy entoces la vida siendo, siendo conciente de ser la vida siendo.
Soy la vida siendo de un modo particular.
Y cuando la vida siendo de este modo particular toma conciencia de si, se da cuenta de ser uno mismo.
Entonces ser si mismo no es ser una entidad separada de la vida, y yo no es màs que el sonido con que la vida habla de si misma en primera persona a travès de cada quien.
Sin sentido alguno de divisiòn, de separaciòn, de conflicto.
Sin nada que "eliminar", y sin nada con lo cual "llegar a fundirse en..."
Por tanto, el error no està en el uso de la palabra yo, sino en confundir su significado con su sentido.
El significado es siempre creado por el pensamiento.
El sentido, es el natural sentido o conciencia de ser.
Es la vida conciente de si misma.
Lo uno jamàs ha existido realmente, salvo en el pensamiento, en fantasìa.
Lo otro jamàs ha dejado de ser.
Cuando admito ser yo, como sea que sea en este momento, en el momento que sea, entonces el pensamiento deja de estar pendiente de "yo"; abandona a "yo", olvida a "yo".
Entonces lo que queda, lo que es, lo real, eso no se nombra a si mismo, no se separa nombràndose.
Se es sin ser.
Hay conciencia de que este sentido de ser no es algo, es tan sòlo una expresiòn de la vida que todo lo es.
La ola no se funde en el mar.
Porque la ola nunca tuvo existencia separada real, existencia propia.
Siempre fue el mar, y nada màs.
Sòlo el mar es lo ùnico real.
R.
Ni buena ni mala palabra.
Simplemente algo, un sonido, que señala, que alude, que apunta en una determinada direcciòn.
Yo no es una entidad aparte de mi a la que yo tengo que tratar de destruìr, ni con la cual yo tengo que tratar de integrarme.
Eso es una insensatez, y si yo me lo creo, esa insensatez es lo que paso a ser yo.
Cuando la palabra yo es asociada a una imàgen con la cual me identifico, entonces me condiciono, me fragmento, me divido.
Esto es "yo".
Un personaje irreal creado por el pensamiento, una fantasìa sobre uno mismo como entidad separada del cambiante fluir real de la vida; una entidad separada del fluir de la realidad.
Eso es lo que sucede cuando la palabra "yo" es tomada con el pensamiento, con la memoria asociativa, y no con el SENTIR natural del ser, del corazòn.
Cuando yo no es asociado a nada, entonces la palabra señala a eso que es uno mismo.
Eso que yo soy.
Sin cualidad definida, concreta, exclusiva, excluyente, ni permanente.
Soy entoces la vida siendo, siendo conciente de ser la vida siendo.
Soy la vida siendo de un modo particular.
Y cuando la vida siendo de este modo particular toma conciencia de si, se da cuenta de ser uno mismo.
Entonces ser si mismo no es ser una entidad separada de la vida, y yo no es màs que el sonido con que la vida habla de si misma en primera persona a travès de cada quien.
Sin sentido alguno de divisiòn, de separaciòn, de conflicto.
Sin nada que "eliminar", y sin nada con lo cual "llegar a fundirse en..."
Por tanto, el error no està en el uso de la palabra yo, sino en confundir su significado con su sentido.
El significado es siempre creado por el pensamiento.
El sentido, es el natural sentido o conciencia de ser.
Es la vida conciente de si misma.
Lo uno jamàs ha existido realmente, salvo en el pensamiento, en fantasìa.
Lo otro jamàs ha dejado de ser.
Cuando admito ser yo, como sea que sea en este momento, en el momento que sea, entonces el pensamiento deja de estar pendiente de "yo"; abandona a "yo", olvida a "yo".
Entonces lo que queda, lo que es, lo real, eso no se nombra a si mismo, no se separa nombràndose.
Se es sin ser.
Hay conciencia de que este sentido de ser no es algo, es tan sòlo una expresiòn de la vida que todo lo es.
La ola no se funde en el mar.
Porque la ola nunca tuvo existencia separada real, existencia propia.
Siempre fue el mar, y nada màs.
Sòlo el mar es lo ùnico real.
R.
Admitirse es admitir el ser en mi.
Admitirse, sin vueltas, sin condiciones de ningùn tipo.
Rendirse ante la evidencia.
Aceptarse incondicionalmente y sin elecciones.
Dejar de resistirse mentalmente a ser ese que soy, y que por tanto, siente como siente, ve como ve, ve lo que ve, està donde està, piensa como piensa, y actùa como actùa; o sea y resumiendo, ese que es como es.
Ese que soy, y punto.
Le guste a quien le guste, y no le guste a quien no le guste; incluyèndome a mi mismo.
Lo que es, ES.
La realidad no pide permiso.
Nada autèntico lo hace.
No negocia, no està ni se pone jamàs en entredicho.
No depende para ser, de la opiniòn favorable o desfavorable de nadie.
Ni de la aprobaciòn o el afecto de nadie.
Ni del consenso, ni de la autorizaciòn, ni de la validaciòn o el reconocimiento, ni de la aceptaciòn o la valorizaciòn externas.
Asì, lo que es es, y lo que uno es, lo es, sea ello reconocido o no.
Aunque otro lo reconozca o no, lo que es, es; y lo que soy, soy.
Aunque yo lo reconozca o no, lo que es, es; y lo que soy, soy.
Y yo soy este que soy en medio de todo esto que es tal cual y como es.
No otro.
No otro que està en otro lado donde lo que se ve que es, es otra cosa.
Soy este que està aquì en medio de esto que es asì.
Y no admitir, negarme a admitir lo que es, es negarme a mi, el perceptor que por estar en medio de lo que està, percibe lo que percibe.
Negar lo que percibo es negarme a mi que soy el que està teniendo esas percepciones; soy èse/eso en lo cual èstas (y no otras) percepciones estàn ocurriendo.
Negarlo, es como intentar convencerme, imponerme a fuerza de repetirme, que no veo lo que veo, ni oigo lo que oigo, ni siento lo que siento, ni estoy dònde estoy, etc; o sea, que èste que yo soy no soy yo.
"Yo" soy otro; que vive en otra realidad, que tiene otras percepciones, que se siente de otro modo, etc.
Èsa es la voz de la fantasìa, de la irrealidad, la cual si la tomo por mi realidad, es el comienzo de la fragmentaciòn y el conflicto en mi, en mi ser.
El comienzo de la enajenaciòn, del auto-exilio voluntario de la realidad.
Del conflicto entre lo que soy y "el que deberìa ser", entre donde estoy y "donde deberìa estar", entre como me siento y "como me deberìa sentir", etc.
Y todo ello por no admitir que sì, que yo soy este aquì; este al cual le ha sucedido esto y aquello, etc.
Este que se siente asì, còmo sea que uno se sienta.
Aùn cuando no me sienta como los libros, los maestros y yo mismo creo que me "deberìa" de sentir.
Desde el momento mismo en que nos dimos a nosotros mismos la espalda, a la espera del permiso de los demàs para ser, desde ese mismo momento, es que la vida principiò en uno a ser una lucha y una transacciòn para tener derecho a ser, a existir, pero siempre y cuando lo haga dentro de los lìmites, de la condiciones de "lo que se espera que yo sea".
Condiciones que los demàs esperan que yo manifieste en mi vivir, pero que, fundamentalmente, yo creo de mi mismo que las deberìa expresar.
Y ello es la forma en que no admito, ni siquiera para mi, en mi, a mi propio y verdadero ser.
Vivo exiliado del calor de mi propio corazòn, a la sombra inclemente de la imagen, del ìdolo mental de como debo "llegar a ser", de como debo "tratar de ser", "esforzarme por ser".
"Ser como..."
No admitir algo de la realidad en medio de la cual uno es, es no admitir que yo soy este, que me encuentro en medio de esta realidad.
Es no admitirse.
Y no admitir que yo soy este, es desconectarme a su vez de èsta realidad, en medio de la cual este que no quiero admitir que soy, es.
Admitir es admitirse.
Y viceversa.
Admitirse es admitir.
Pues es siempre admitir la realidad tal como es, conmigo siendo en ella.
Pues la realidad y yo no somos dos cosas separadas, como no estàn jamàs separados el perceptor y la percepciòn.
Nada existe separado de nada.
NADA.
Admitirse es darse la bienvenida a la realidad de la cual nunca nos alejamos, pero a la cual dàbamos la espalda.
Y dàndose la bienvenida, dar la bienvenida a la realidad en nuestro ser.
Y viceversa.
Admitir la realidad tal y cual es, es darle la bienvenida en nuestro ser, y hacièndolo, sentirnos intregrados en esa realidad en la cual siempre hemos sido bienvenidos.
Es existir-SER-siendo en comùn-unidad; en integralidad.
Admitirse es admitir ser este que soy; es admitirse ser, admitirse a ser, permitirse ser.
Admitirse, no sòlo en el sentido de dejar de fingir, de pretender que uno no es el que es, que uno es otro, sino en el sentido de permitirse entrar.
Admitirse es permitirse entra de regreso al propio corazòn.
Es volver a casa, como el hijo pròdigo.
Admitirse es el fin de la absurda pretensiòn de ser otro, la absurda pretensiòn de que yo no soy yo.
Y es permitirse entrar de vuelta al propio corazòn.
Es bajar los brazos ante la realidad, y dejar de defender y tratar de sostener la mentira, la farsa enajenante y ridìcula de lo que nunca fue, ni es, ni serà jamàs.
Es dejar de pelearnos en nuestra mente con LO QUE ES.
Es dejar de resistirnos mentalmente a lo que YA ES ASÌ COMO ES.
Y es dejar a la Vida, que es propio ser y la realidad, ser!
Dejar a lo que es ser, pues aunque yo no lo admita, igualmente ello es!
Y el no admitirlo no modifica ni anula lo que es, sòlo hace que yo me sienta separado, aislado de la realidad de la vida, tal y como la vida en este momento es.
Admitir que yo soy yo.
Admitir que yo soy este, y que soy asì como soy.
Admitir que sigo siendo yo, este yo que siempre he sido, a pesar de todos los infructuosos esfuerzos y empeños, tanto de los demàs como de mi mismo, por tratar de que yo no fuera este yo que soy.
Admitir que en el fondo, siempre he sabido que yo soy este, y que siempre voy a ser este yo que soy.
Admitir que asì mismo, cada uno es como es, y cada quien es cada quien, me guste o no me guste como sea que cada quien es.
Admitir que el mundo es el mundo, y el mundo es lo que es, y es lo que es porque somos lo que somos, y no puede por tanto ser de otro modo que como es.
El mundo es un reflejo de lo que somos.
Como nuestra vida es un reflejo de lo que somos.
Y es por ello que no habrà jamàs paz afuera, si no la hay en el propio ser.
Y no habrà jamàs paz en el propio ser, si yo no me admito ser como yo soy; sin condiciones, ni excusas, ni peros de ningùn tipo.
¿Admitirse o seguir sufriendo?, he aquì la cuestiòn!!!
Admitir lo que sè que es verdad, es el fin del reinado de la mentira en la propia conciencia de ser.
Y sòlo la verdad, vivenciar esta verdad, nos harà libres.
Libres como en el fondo ya somos, pero no asumimos, no admitimos ser.
¿Tener razòn o ser libre?
¿Què elige usted?
R.
Rendirse ante la evidencia.
Aceptarse incondicionalmente y sin elecciones.
Dejar de resistirse mentalmente a ser ese que soy, y que por tanto, siente como siente, ve como ve, ve lo que ve, està donde està, piensa como piensa, y actùa como actùa; o sea y resumiendo, ese que es como es.
Ese que soy, y punto.
Le guste a quien le guste, y no le guste a quien no le guste; incluyèndome a mi mismo.
Lo que es, ES.
La realidad no pide permiso.
Nada autèntico lo hace.
No negocia, no està ni se pone jamàs en entredicho.
No depende para ser, de la opiniòn favorable o desfavorable de nadie.
Ni de la aprobaciòn o el afecto de nadie.
Ni del consenso, ni de la autorizaciòn, ni de la validaciòn o el reconocimiento, ni de la aceptaciòn o la valorizaciòn externas.
Asì, lo que es es, y lo que uno es, lo es, sea ello reconocido o no.
Aunque otro lo reconozca o no, lo que es, es; y lo que soy, soy.
Aunque yo lo reconozca o no, lo que es, es; y lo que soy, soy.
Y yo soy este que soy en medio de todo esto que es tal cual y como es.
No otro.
No otro que està en otro lado donde lo que se ve que es, es otra cosa.
Soy este que està aquì en medio de esto que es asì.
Y no admitir, negarme a admitir lo que es, es negarme a mi, el perceptor que por estar en medio de lo que està, percibe lo que percibe.
Negar lo que percibo es negarme a mi que soy el que està teniendo esas percepciones; soy èse/eso en lo cual èstas (y no otras) percepciones estàn ocurriendo.
Negarlo, es como intentar convencerme, imponerme a fuerza de repetirme, que no veo lo que veo, ni oigo lo que oigo, ni siento lo que siento, ni estoy dònde estoy, etc; o sea, que èste que yo soy no soy yo.
"Yo" soy otro; que vive en otra realidad, que tiene otras percepciones, que se siente de otro modo, etc.
Èsa es la voz de la fantasìa, de la irrealidad, la cual si la tomo por mi realidad, es el comienzo de la fragmentaciòn y el conflicto en mi, en mi ser.
El comienzo de la enajenaciòn, del auto-exilio voluntario de la realidad.
Del conflicto entre lo que soy y "el que deberìa ser", entre donde estoy y "donde deberìa estar", entre como me siento y "como me deberìa sentir", etc.
Y todo ello por no admitir que sì, que yo soy este aquì; este al cual le ha sucedido esto y aquello, etc.
Este que se siente asì, còmo sea que uno se sienta.
Aùn cuando no me sienta como los libros, los maestros y yo mismo creo que me "deberìa" de sentir.
Desde el momento mismo en que nos dimos a nosotros mismos la espalda, a la espera del permiso de los demàs para ser, desde ese mismo momento, es que la vida principiò en uno a ser una lucha y una transacciòn para tener derecho a ser, a existir, pero siempre y cuando lo haga dentro de los lìmites, de la condiciones de "lo que se espera que yo sea".
Condiciones que los demàs esperan que yo manifieste en mi vivir, pero que, fundamentalmente, yo creo de mi mismo que las deberìa expresar.
Y ello es la forma en que no admito, ni siquiera para mi, en mi, a mi propio y verdadero ser.
Vivo exiliado del calor de mi propio corazòn, a la sombra inclemente de la imagen, del ìdolo mental de como debo "llegar a ser", de como debo "tratar de ser", "esforzarme por ser".
"Ser como..."
No admitir algo de la realidad en medio de la cual uno es, es no admitir que yo soy este, que me encuentro en medio de esta realidad.
Es no admitirse.
Y no admitir que yo soy este, es desconectarme a su vez de èsta realidad, en medio de la cual este que no quiero admitir que soy, es.
Admitir es admitirse.
Y viceversa.
Admitirse es admitir.
Pues es siempre admitir la realidad tal como es, conmigo siendo en ella.
Pues la realidad y yo no somos dos cosas separadas, como no estàn jamàs separados el perceptor y la percepciòn.
Nada existe separado de nada.
NADA.
Admitirse es darse la bienvenida a la realidad de la cual nunca nos alejamos, pero a la cual dàbamos la espalda.
Y dàndose la bienvenida, dar la bienvenida a la realidad en nuestro ser.
Y viceversa.
Admitir la realidad tal y cual es, es darle la bienvenida en nuestro ser, y hacièndolo, sentirnos intregrados en esa realidad en la cual siempre hemos sido bienvenidos.
Es existir-SER-siendo en comùn-unidad; en integralidad.
Admitirse es admitir ser este que soy; es admitirse ser, admitirse a ser, permitirse ser.
Admitirse, no sòlo en el sentido de dejar de fingir, de pretender que uno no es el que es, que uno es otro, sino en el sentido de permitirse entrar.
Admitirse es permitirse entra de regreso al propio corazòn.
Es volver a casa, como el hijo pròdigo.
Admitirse es el fin de la absurda pretensiòn de ser otro, la absurda pretensiòn de que yo no soy yo.
Y es permitirse entrar de vuelta al propio corazòn.
Es bajar los brazos ante la realidad, y dejar de defender y tratar de sostener la mentira, la farsa enajenante y ridìcula de lo que nunca fue, ni es, ni serà jamàs.
Es dejar de pelearnos en nuestra mente con LO QUE ES.
Es dejar de resistirnos mentalmente a lo que YA ES ASÌ COMO ES.
Y es dejar a la Vida, que es propio ser y la realidad, ser!
Dejar a lo que es ser, pues aunque yo no lo admita, igualmente ello es!
Y el no admitirlo no modifica ni anula lo que es, sòlo hace que yo me sienta separado, aislado de la realidad de la vida, tal y como la vida en este momento es.
Admitir que yo soy yo.
Admitir que yo soy este, y que soy asì como soy.
Admitir que sigo siendo yo, este yo que siempre he sido, a pesar de todos los infructuosos esfuerzos y empeños, tanto de los demàs como de mi mismo, por tratar de que yo no fuera este yo que soy.
Admitir que en el fondo, siempre he sabido que yo soy este, y que siempre voy a ser este yo que soy.
Admitir que asì mismo, cada uno es como es, y cada quien es cada quien, me guste o no me guste como sea que cada quien es.
Admitir que el mundo es el mundo, y el mundo es lo que es, y es lo que es porque somos lo que somos, y no puede por tanto ser de otro modo que como es.
El mundo es un reflejo de lo que somos.
Como nuestra vida es un reflejo de lo que somos.
Y es por ello que no habrà jamàs paz afuera, si no la hay en el propio ser.
Y no habrà jamàs paz en el propio ser, si yo no me admito ser como yo soy; sin condiciones, ni excusas, ni peros de ningùn tipo.
¿Admitirse o seguir sufriendo?, he aquì la cuestiòn!!!
Admitir lo que sè que es verdad, es el fin del reinado de la mentira en la propia conciencia de ser.
Y sòlo la verdad, vivenciar esta verdad, nos harà libres.
Libres como en el fondo ya somos, pero no asumimos, no admitimos ser.
¿Tener razòn o ser libre?
¿Què elige usted?
R.
miércoles, 6 de octubre de 2010
Solamente siendo.
Desde la misma apariciòn del ser en este mundo, hay sensibilidad, inteligencia, y particularidad de ser.
O sea, eso de lo cual se "construye" en nuevo ser, es en sì, materia sensible, conciencia materializada.
Energìa conciente.
Y la inteligencia, esa que coordina seis trillones de procesos por segundo que se dan en nuestro organismo, esa misma que se encarga de la formaciòn de las galaxias, la migraciòn de las aves, el crecimiento de la hierba, y de todo lo que sucede en esta danza còsmica, esa misma inteligencia està allì desde el comienzo.
Està en todo, siempre.
Pero ademàs, desde el mismo embriòn, desde el momento mismo de la fecundaciòn, ya hay particularidad; hay ser-ùnico.
Eso que va a "madurar" luego como lo que podrìa llamarse el psiquismo original del individuo, su forma ùnica de sentir la vida, su conciencia de ser èl mismo siendo la vida sintièndo asì, como sòlo èl siente.
Todo està ya dado, desde un comienzo.
Desde el inicio, somos la Vida manifestàndose particularmente en infinitas formas de ser, ùnicas, incomparables, irrepetibles.
Somos la Vida, unidad, manifestàndose como multiplicidad, o sea, existiendo en el tiempo como manifestaciones particulares.
Somos la gracia de existir.
Y existir es sin motivo ni propòsito, sin meta; tan sòlo por el puro gozo de existir.
Ella lo es todo, y siendolo todo y lo ùnico que Es, nada puede agregàrsele ni quitàrsele.
Luego aparecen el lenguaje, el pensamiento, y con el mismo, la idea de "yo" definida como lo contrario de lo que no soy yo; o sea, el pensamiento crea una divisiòn en mi vivencia del existir, del ser, en la cual "el mundo" y "yo" somos dos cosas separadas que se sufren la una a la otra.
¿Hay en la realidad, una tal separaciòn?
¿Hay, o es posible la vivencia de "yo" sin el mundo?
¿O del "mundo" sin "yo"?
¿O inevitàblemente cuando aparece el uno tambièn y simultàneamente el otro està presente?
¿Surgen separadamente en la conciencia, o surgen conjuntamente?
Conceptualmente, estamos acostumbrados a separarlos, o sea, a pensarlos por separado pensando que son dos cosas separadas.
¿Pero lo son realmente, en los HECHOS?
No en el concepto, no en "opiniones y fantasìas filosòficas y teològicas sobre la realidad", sino en la vivencia real.
En la vivencia real, no distorsionada por el pensamiento conceptual, lo que soy no es separable de dònde soy.
Pues para empezar, el ùnico modo en que soy, y esto es asì siempre, es SIENDO!!!
Siendo!!!
Pues no existe el ser sino es siendo.
Si no es siedo, serà una idea, una posibilidad, pero no una realidad; o sea que si no se es siendo, NO SE ES.
Y siendo siempre es en un contexto, en un mundo perceptual en el cual emerjo, al tiempo que èste como percepciòn aparece a su vez en mi como conciencia.
El ùnico "momento" en que esto no es asì, es cuando la particularidad se disuelve en su fuente que es ella misma como absoluto indiferenciado.
Pero a no ser en dicha instancia, el mundo y la particularidad son un co-surgimiento simultàneo.
Y en el mismo, que es lo que llamamos existir, o sea siendo, este siendo es sensibilidad-inteligencia-particularidad desde el inicio, o sea, desde antes del surgimiento conceptual de un supuesto "yo" separado e independiente de "el mundo".
Creer en esta falsa separaciòn del "resto" de la vida manifestàndose, es lo que genera en uno como particularidad, esos tan bien conocidos sentimientos de separaciòn, aislamiento, extrañeza, carencia, y sufrimiento.
Creer en esta errònea conceptualizaciòn es lo que nos hace sentirnos un "yo" separado del fluir de la vida, al cual lo que sucede "le sucede" a èl.
Sin dicha creencia, aùn seguirìa habiendo lo que siempre ha habido, o sea, la vida manifestàndose particularmente como cada cosa y cada quien, incluìdo uno mismo, pero sin sentimiento alguno de separaciòn, aislamiento, extrañeza, carencia o sufrimiento.
Habrìa natural conciencia de integraciòn, de integralidad, de comunidad (comùn unidad).
Conciencia en la cual la particularidad de ser siendo ùnico no es "lo contrario" de dicha unidad, sino el manifestarse particular de dicha unidad.
Dejemos por un momento de lado el hàbito conceptual con el cual nos venìamos manejando y observemos la realidad.
¿Hay "yo" siendo?
¿O hay sòlamente SIENDO?
¿Hay "yo" sintièndome asì?
¿O hay sòlamente sintièndome asì?
¿Hay "yo" y este vivir?
¿O hay este vivir siendo?
¿Hay "yo" y los pensamientos?
¿O hay los pensamientos? ¿pensamientos de "yo"?
¿Hay "yo" al cual le duele tal cosa?
¿O hay doliendo tal cosa?
¿Hay "yo" que fulana o mengano me rechaza?
¿O hay simplemente fulano rechazando?
¿Hay "yo" que me encuentro o me desencuentro con "otro yo"?
¿O hay encuentros y desencuentros de la vida siendo con la vida siendo, particularmente en cada caso como en cada caso y momento sea?
¿Acaso este conceptualizar "yo" y "lo otro", "yo" y "no-yo", no es una forma de crear distancia psicològica, de "separarme", de resistirme a sentir algo?
¿Acaso este conceptualizar "yo" como separado de "lo otro", no es levantar una divisiòn, una muralla conceptual en mi conciencia de ser, en mi sensibilidad, en mi forma de sentir la vida, para no sentir algo que si estoy sintiendo?
¿Acaso no es este "dividirme", la raìz de todo conflicto, de todo sufrimiento, de toda carencia, de toda indignidad?
¿Puedo aceptar que hay siendo asì o asà?
¿Puedo aceptar que hay esta vida, este vivir?
¿Puedo aceptar que hay pensamientos?
¿Puedo aceptar que hay rechazo?
¿Puedo aceptar que hay dolor?
¿Puedo aceptar que hay sufrimiento?
¿Puedo aceptar que hay no-aceptar?
Fin del sufrimiento.
R.
O sea, eso de lo cual se "construye" en nuevo ser, es en sì, materia sensible, conciencia materializada.
Energìa conciente.
Y la inteligencia, esa que coordina seis trillones de procesos por segundo que se dan en nuestro organismo, esa misma que se encarga de la formaciòn de las galaxias, la migraciòn de las aves, el crecimiento de la hierba, y de todo lo que sucede en esta danza còsmica, esa misma inteligencia està allì desde el comienzo.
Està en todo, siempre.
Pero ademàs, desde el mismo embriòn, desde el momento mismo de la fecundaciòn, ya hay particularidad; hay ser-ùnico.
Eso que va a "madurar" luego como lo que podrìa llamarse el psiquismo original del individuo, su forma ùnica de sentir la vida, su conciencia de ser èl mismo siendo la vida sintièndo asì, como sòlo èl siente.
Todo està ya dado, desde un comienzo.
Desde el inicio, somos la Vida manifestàndose particularmente en infinitas formas de ser, ùnicas, incomparables, irrepetibles.
Somos la Vida, unidad, manifestàndose como multiplicidad, o sea, existiendo en el tiempo como manifestaciones particulares.
Somos la gracia de existir.
Y existir es sin motivo ni propòsito, sin meta; tan sòlo por el puro gozo de existir.
Ella lo es todo, y siendolo todo y lo ùnico que Es, nada puede agregàrsele ni quitàrsele.
Luego aparecen el lenguaje, el pensamiento, y con el mismo, la idea de "yo" definida como lo contrario de lo que no soy yo; o sea, el pensamiento crea una divisiòn en mi vivencia del existir, del ser, en la cual "el mundo" y "yo" somos dos cosas separadas que se sufren la una a la otra.
¿Hay en la realidad, una tal separaciòn?
¿Hay, o es posible la vivencia de "yo" sin el mundo?
¿O del "mundo" sin "yo"?
¿O inevitàblemente cuando aparece el uno tambièn y simultàneamente el otro està presente?
¿Surgen separadamente en la conciencia, o surgen conjuntamente?
Conceptualmente, estamos acostumbrados a separarlos, o sea, a pensarlos por separado pensando que son dos cosas separadas.
¿Pero lo son realmente, en los HECHOS?
No en el concepto, no en "opiniones y fantasìas filosòficas y teològicas sobre la realidad", sino en la vivencia real.
En la vivencia real, no distorsionada por el pensamiento conceptual, lo que soy no es separable de dònde soy.
Pues para empezar, el ùnico modo en que soy, y esto es asì siempre, es SIENDO!!!
Siendo!!!
Pues no existe el ser sino es siendo.
Si no es siedo, serà una idea, una posibilidad, pero no una realidad; o sea que si no se es siendo, NO SE ES.
Y siendo siempre es en un contexto, en un mundo perceptual en el cual emerjo, al tiempo que èste como percepciòn aparece a su vez en mi como conciencia.
El ùnico "momento" en que esto no es asì, es cuando la particularidad se disuelve en su fuente que es ella misma como absoluto indiferenciado.
Pero a no ser en dicha instancia, el mundo y la particularidad son un co-surgimiento simultàneo.
Y en el mismo, que es lo que llamamos existir, o sea siendo, este siendo es sensibilidad-inteligencia-particularidad desde el inicio, o sea, desde antes del surgimiento conceptual de un supuesto "yo" separado e independiente de "el mundo".
Creer en esta falsa separaciòn del "resto" de la vida manifestàndose, es lo que genera en uno como particularidad, esos tan bien conocidos sentimientos de separaciòn, aislamiento, extrañeza, carencia, y sufrimiento.
Creer en esta errònea conceptualizaciòn es lo que nos hace sentirnos un "yo" separado del fluir de la vida, al cual lo que sucede "le sucede" a èl.
Sin dicha creencia, aùn seguirìa habiendo lo que siempre ha habido, o sea, la vida manifestàndose particularmente como cada cosa y cada quien, incluìdo uno mismo, pero sin sentimiento alguno de separaciòn, aislamiento, extrañeza, carencia o sufrimiento.
Habrìa natural conciencia de integraciòn, de integralidad, de comunidad (comùn unidad).
Conciencia en la cual la particularidad de ser siendo ùnico no es "lo contrario" de dicha unidad, sino el manifestarse particular de dicha unidad.
Dejemos por un momento de lado el hàbito conceptual con el cual nos venìamos manejando y observemos la realidad.
¿Hay "yo" siendo?
¿O hay sòlamente SIENDO?
¿Hay "yo" sintièndome asì?
¿O hay sòlamente sintièndome asì?
¿Hay "yo" y este vivir?
¿O hay este vivir siendo?
¿Hay "yo" y los pensamientos?
¿O hay los pensamientos? ¿pensamientos de "yo"?
¿Hay "yo" al cual le duele tal cosa?
¿O hay doliendo tal cosa?
¿Hay "yo" que fulana o mengano me rechaza?
¿O hay simplemente fulano rechazando?
¿Hay "yo" que me encuentro o me desencuentro con "otro yo"?
¿O hay encuentros y desencuentros de la vida siendo con la vida siendo, particularmente en cada caso como en cada caso y momento sea?
¿Acaso este conceptualizar "yo" y "lo otro", "yo" y "no-yo", no es una forma de crear distancia psicològica, de "separarme", de resistirme a sentir algo?
¿Acaso este conceptualizar "yo" como separado de "lo otro", no es levantar una divisiòn, una muralla conceptual en mi conciencia de ser, en mi sensibilidad, en mi forma de sentir la vida, para no sentir algo que si estoy sintiendo?
¿Acaso no es este "dividirme", la raìz de todo conflicto, de todo sufrimiento, de toda carencia, de toda indignidad?
¿Puedo aceptar que hay siendo asì o asà?
¿Puedo aceptar que hay esta vida, este vivir?
¿Puedo aceptar que hay pensamientos?
¿Puedo aceptar que hay rechazo?
¿Puedo aceptar que hay dolor?
¿Puedo aceptar que hay sufrimiento?
¿Puedo aceptar que hay no-aceptar?
Fin del sufrimiento.
R.
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